Este jueves, 2 de abril de 2009, se reunirán en Londres los líderes de este G-20 ampliado. Países que reúnen el 75% de la población y el 80% del PIB mundial. Por lo tanto, la representatividad es muy alta pero, ¿qué podemos esperar de esta reunión?
Son varias y muy importantes las cuestiones a tratar en la cumbre, en la que hay distintos intereses y diversas tendencias que tratarán de alguna manera de buscar un punto de encuentro.
Uno de los temas sobre los que va a girar el encuentro, y que es promovido principalmente por los europeos –aunque ahora parece que Estados Unidos, con el anuncio de la creación de una agencia de supervisión, se suma a la iniciativa-, es la nueva regulación de los mercados financieros.
Este es un tema en el que han hecho especial hincapié Merkel y Sarkozy, y que se antoja necesario para evitar cometer en el futuro excesos similares a los que hemos vivido, con productos de ingeniería financiera que pocos o nadie entendían del todo, y fuera del Balance de los Bancos.
Un tema relacionado con éste y que podría ser tratado en la cumbre es el de los paraísos fiscales, que han estado en muchos casos implicados en el blanqueo de dinero y en grandes movimientos especulativos de capital.
Otra de las cuestiones importantes a tratar es la magnitud y la coordinación de las políticas fiscales (gasto púbico, reducción de impuestos) a realizar a nivel mundial.
Estamos ante la primera crisis global de estas características, y de hecho grandes países exportadores como Alemania y Japón están sufriendo un gran impacto en sus economías a causa de esta globalización. Si la crisis afecta a todo el mundo, porque la economía está interconectada a muchos niveles, lo ideal es que las políticas que se adopten en este sentido tengan una base común.
Estados Unidos es el principal impulsor de esta propuesta, ya que además de los recursos ingentes que ha puesto en marcha en sus diversos planes, insiste en que Europa debe hacer lo mismo; en el viejo continente los planes no han sido tan ambiciosos, en parte por la inexistencia de una política fiscal común –no hay, por decirlo de alguna manera, un Ministerio de Economía y Hacienda europeo-, y en parte por el peso del estado del bienestar en Europa, de manera que la protección y las ayudas al ciudadano europeo en esta situación son bastante mayores que en Estados Unidos, y el coste de este sistema también (y ya supone un trasvase de fondos del Estado hacia los ciudadanos), de manera que ya implica un aumento del déficit público aunque no se realice inversión a través de Gasto Público, ni recortes de impuestos.
Un tercer aspecto en el que debería ahondar esta cumbre es del intercambio comercial internacional, para tratar de evitar el proteccionismo nacional. Muchos de los dirigentes mantienen un discurso aperturista, dicen estar en contra del proteccionismo y de las trabas a las importaciones de productos de otros países, pero a la hora de la verdad se están tomando diversas decisiones que están protegiendo sectores considerados clave (por ejemplo, el sector del automóvil en Francia, o la cláusula buy american en Estados Unidos), subiendo aranceles a las importaciones. La mayoría de los países que estuvieron en la primera cumbre en Washington y que estaban ya entonces de acuerdo –en teoría- en el libre comercio, han tomado medidas en algunos sectores para limitar las importaciones del exterior.
Otra cuestión a tener en cuenta es el juego de poder que se va a producir en esta cumbre. Al tradicional dominio del trío Estados Unidos-Europa-Japón se han unido con fuerza otros países que van a tratar de poner en marcha otro equilibrio mundial, entre ellos China, India, Rusia, Brasil o los países árabes.
Éste es un aspecto que puede tener una importante incidencia, pues se trata de conseguir influencias y reconocimiento a escala planetaria, y aquí todos quieren ser importantes. En este sentido, Obama siempre ha dicho que entiende que ahora el mundo es multilateral, y que Estados Unidos debe contribuir como país importante que es, pero no como si fuese el único líder mundial.
Y retomando el título, ¿Qué podemos esperar de esta cumbre?
Yo no espero gran cosa, y ojalá me equivoque.
En el tema de los mercados financieros, es probable que se hable del sistema español de provisiones anticíclicas, y que algunos estén de acuerdo en adoptar métodos similares.
También me parece muy interesante la propuesta del secretario del Tesoro estadounidense, Tim Geithner, consistente en aplicar criterios más estrictos a las entidades financieras cuanto mayor sea su tamaño.
La idea surge derivada de la situación vivida en los últimos meses, en que ha habido que ayudar a varias entidades porque eran “demasiado grandes para quebrar”. De acuerdo con este razonamiento, si estas grandes corporaciones implican un mayor riesgo para el contribuyente, ya que en caso de estar en peligro, hay que inyectarles dinero público –y en grandes cantidades-, deberían tener una gestión del riesgo más rígida y un ratio de capital mayor.
En el asunto del gasto público y el recorte de impuestos, posiblemente Obama arranque de sus socios europeos algún tipo de compromiso, pero es improbable que en esta cumbre la Unión Europea llegue a mojarse mucho más en este tema, puesto que Alemania es bastante reacia a ir mucho más allá, siendo partidaria de mantener cierta disciplina fiscal –es decir, de no disparar el Gasto Público-, ya que tiene malos recuerdos.
En este sentido, la hiperinflación sufrida en los años previos al ascenso al poder de Hitler hacen que se resista a la posibilidad de “imprimir dinero” puesta en marcha por Estados Unidos y Gran Bretaña, mientras que el alto coste de la reunificación alemana le hacen reforzar más su idea de la importancia de mantener unas cuentas saneadas.
En el ámbito del comercio internacional, posiblemente se volverá a hablar de que es preciso no caer en el proteccionismo, pero se continúe haciendo lo contrario –que lo apliquen los otros.
¿Por qué no espero grandes resultados de esta cumbre (y reitero, ojalá me equivoque)?
Por varias razones, una por el enorme juego de intereses que comentaba, cada uno va a defender su parte, así que posiblemente los pocos acuerdos a los que se llegue sean de compromiso.
Otra, relacionada con la anterior, es que los gobernantes están pensando en resolver sus problemas internos, más que los del mundo, y aunque sea necesario hacer un análisis de manera global, muchas veces están pensando en clave local (proteccionismo, elecciones…).
Y la tercera razón, es que creo que no le dedican el tiempo suficiente. Como ya he comentado en alguna otra ocasión, creo que es un problema suficientemente importante para que le dedicasen más tiempo y más seguido. ¿Cómo se puede arreglar este tremendo desaguisado, de talla mundial, reuniéndose una vez cada cuatro meses?


