Que alguien a los cinco años compre cien cajas de cerillas –con ayuda de su tía- y las revenda de forma individual, obteniendo beneficio, no pasaría de ser una mera anécdota si no fuese porque después este mismo niño llegaría a convertirse en una de las personas más ricas del mundo.
El fundador de IKEA, Ingvar Kamprad, comenzó de esa manera, pero hay otras muchas curiosidades y anécdotas que rodean tanto a su figura como al gigante sueco del mueble y complementos.
El nombre de IKEA está formado por sus propias iniciales más las primeras letras de Elmtaryd y Agunnaryd, la granja y la aldea donde creció.
Fundó IKEA en 1943, con sólo diecisiete años, desde un pequeño cobertizo de dos metros cuadrados, donde almacenaba pequeñas cosas que podía revender a precio reducido: estilográficas, marcos de fotos, mecheros, relojes, medias…
En 1945 comenzó a anunciarse en la prensa y en1951 inició su andadura el hoy en día famoso catálogo, ya centrado en ese momento en los muebles de bajo coste.
En 1953 inauguró su primera exposición de muebles. Kamprad preparó café y bollos gratis para los visitantes, y tuvo un gran éxito. Esto fue probablemente el germen que provocó que hoy en día las tiendas IKEA cuenten con un restaurante (se venden en ellos más de 150 millones de albóndigas al año).
En 1958 inauguró su primera tienda, que con 652 metros cuadrados era la mayor que existía en Escandinavia en esa época. Hoy en día cuenta con más de 200 tiendas por todo el mundo, y factura más de 20.000 millones de euros.
El modelo IKEA tiene una buena rentabilidad, superior a la media del sector, a pesar de centrarse en los precios bajos. Ello no significa necesariamente una calidad inferior a la de otros –o al menos, no es la única razón- sino que se basa en una verdadera obsesión por el control y la reducción de los costes.
En 1951, Gillis Lundgren, un joven diseñador, descubrió de forma accidental uno de los mayores éxitos de IKEA, el paquete plano, al tratar de introducir una mesa en el maletero de su coche, y ver que no le cabía. Le quitó las patas y las puso debajo del tablero.
A partir de ahí, IKEA comenzó a reflexionar sobre el asunto, y en 1953, el catálogo ya incluía una mesa para ser montada por el cliente, mientras que en 1956, el concepto de paquete plano ya formaba parte integral de la estrategia de la empresa.
El paquete plano afecta al diseño de los muebles, a su fabricación y a su distribución, permitiendo ahorros considerables en el transporte almacenamiento de la mercancía.
El montaje por parte de los clientes supone lógicamente otro ahorro importante en mano de obra, a la vez que, paradójicamente, facilita la conexión emocional entre el cliente y sus muebles de IKEA, que han sido montados por él mismo, y de lo cual se sentirá un poquito orgulloso.
Kamprad estaba obsesionado por ofrecer diseño a precios asequibles. En los años cincuenta, visitando el Salón del Mueble en Milán y observando los elegantes diseños italianos, se preguntó por qué los muebles suecos no podían ser bonitos, además de sencillos.
En el Testamento de un distribuidor de muebles, folleto con un enfoque casi religioso escrito por Kamprad, señala: “Cualquier diseñador puede crear un escritorio que cueste 5.000 coronas suecas. Pero sólo los altamente cualificados pueden diseñar un buen escritorio funcional que cueste 100 coronas”.
Hay diversas anécdotas acerca del modo en el que Kamprad es obsesivo con el ahorro de costes, desde que sigue viajando en un viejo Volvo o en transporte público, que tanto él como sus directivos, si tienen que ir en avión, lo hacen en clase turista, y no se alojan en hoteles de lujo…
En una ocasión, Ingvar Kamprad se encontraba de viaje en China y fue a un mercado en el que había miles de pollos desplumados. Se enteró de que tiraban las plumas, puesto que no les atribuían ningún valor. A partir de ahí, IKEA comenzó a fabricar millones de edredones nórdicos a precios realmente baratos, rellenos de pluma de pollo.
Los famosos nombres que ponen a los productos de su catálogo, Billy, Gustav, Mallen, Techen, Kasted… además de permitir juegos consistentes en adivinar a qué corresponde cada uno (¿qué es Gustav, un escritorio, una lámpara, una manta, o una trona de niño?), también tienen su incidencia en la fidelización de los clientes, ya que muchos se sienten orgullosos de manejar este “idioma IKEA”.
Hoy en día, una de las razones más importantes por las que puede ofrecer precios tan bajos son las economías de escala, producir volúmenes tan grandes de artículos le permite tener un coste unitario mucho más bajo.
Por ejemplo, respecto a una mesa de centro muy vendida, el modelo Lack, en 1990 producía 242.000 mesas y las vendía a 25,70 euros, mientras que en 2004 produjo dos millones de mesas, con lo cual pudo comercializarlas a 9,90 euros, transfiriendo de esta manera gran parte del ahorro de costes a los clientes.


