La impresionante campaña que está realizando el F.C. Barcelona no puede eclipsar totalmente la excelente campaña en Liga que está haciendo el Real Madrid, en especial desde la llegada de Juande Ramos.
Mientras el Barça se mantiene con posibilidades de ganar en las tres competiciones, el Madrid ya sólo cuenta con opciones en Liga, tras ser eliminado en la Copa y en la Liga de Campeones.
Esto añade un mérito extra al Barça, donde Guardiola ha sabido dosificar a sus jugadores, dar entrada a la cantera, recuperar a Eto’o y Henry, y cuidar a Messi para que siga en lo más alto, manteniendo a lo largo de la temporada la tensión casi sin errores.
Mientras tanto, el Real Madrid tuvo que dar un giro a su gestión, con el cambio de Schuster por Juande, y la dimisión del presidente Ramón Calderón.
A pesar de que no estaban realizando una campaña excesivamente mala (aunque un club como el Madrid siempre tiene los objetivos más altos), la brillantez de su gran rival les obligaba a pisar el acelerador más de lo que lo estaban haciendo.
De esta manera, la rivalidad con el Barcelona funcionó como un incentivo y una motivación extra para los madridistas, que fue bien canalizada por Juande, quien estableció pequeños objetivos para lo que parecía una remontada imposible, cuando el Barça se encontraba a doce puntos.
Hoy en día, se ha reducido sólo a seis, a falta de diez jornadas, incluido el partido que deben jugar entre ellos en el Santiago Bernabéu.
La motivación extra que se consigue cuando uno tiene este tipo de objetivos, en los que además hay una antigua rivalidad en juego, proporciona batallas épicas. Recientemente un exjugador del Real Madrid decía en una entrevista que si no existiese el Barça, habría que inventarlo.
Totalmente cierto. Esta competencia es un excelente motivador. Si a los jugadores del Madrid simplemente se les ofreciese más dinero (que ya cobran bastante, por otra parte), no estarían tan motivados en este sentido como por el hecho de intentar alcanzar al Barcelona.
Otra cuestión es que Juande Ramos haya sabido canalizar esta motivación, demostrando la importancia de un buen gestor, y cómo con los mismos mimbres se pueden hacer cestos muy distintos.
El mundo del deporte está lleno de este tipo de ejemplos:
La actual rivalidad entre Nadal y Federer, que ha alcanzado cotas épicas en cualquier superficie (si acaso en tierra batida es donde hay mayor diferencia, a favor del español), Sampras contra Agassi, el clásico duelo Celtics-Lakers, los Argentina-Brasil en fútbol, Senna contra Prost, o los boxeadores Joe Frazier y Mohamed Alí (Cassius Clay), etcétera.
En el mundo empresarial, también se encuentran multitud de ejemplos de grandes enfrentamientos empresariales en los que los contendientes consiguen mejores resultados gracias a la existencia de su competidor, a pesar de que la rivalidad significa en principio que tienen que repartirse un mercado.
Así, han crecido y desarrollado una gran marca, empresas como Coca-Cola y Pepsi, Hertz y Avis, Mc Donald’s y Burger King, o la rivalidad en lo deportivo y como institución educativa de Harvard y Yale, u Oxford y Cambridge.
Coca-Cola y Pepsi tienen que repartirse a los clientes pero, si no hubiese existido Pepsi, ¿habría llegado a ser Coca-Cola la marca que es hoy en día? ¿O quizás se habría conformado con menos?
Cuestión de motivación.
Mientras el Barça se mantiene con posibilidades de ganar en las tres competiciones, el Madrid ya sólo cuenta con opciones en Liga, tras ser eliminado en la Copa y en la Liga de Campeones.
Esto añade un mérito extra al Barça, donde Guardiola ha sabido dosificar a sus jugadores, dar entrada a la cantera, recuperar a Eto’o y Henry, y cuidar a Messi para que siga en lo más alto, manteniendo a lo largo de la temporada la tensión casi sin errores.
Mientras tanto, el Real Madrid tuvo que dar un giro a su gestión, con el cambio de Schuster por Juande, y la dimisión del presidente Ramón Calderón.
A pesar de que no estaban realizando una campaña excesivamente mala (aunque un club como el Madrid siempre tiene los objetivos más altos), la brillantez de su gran rival les obligaba a pisar el acelerador más de lo que lo estaban haciendo.
De esta manera, la rivalidad con el Barcelona funcionó como un incentivo y una motivación extra para los madridistas, que fue bien canalizada por Juande, quien estableció pequeños objetivos para lo que parecía una remontada imposible, cuando el Barça se encontraba a doce puntos.
Hoy en día, se ha reducido sólo a seis, a falta de diez jornadas, incluido el partido que deben jugar entre ellos en el Santiago Bernabéu.
La motivación extra que se consigue cuando uno tiene este tipo de objetivos, en los que además hay una antigua rivalidad en juego, proporciona batallas épicas. Recientemente un exjugador del Real Madrid decía en una entrevista que si no existiese el Barça, habría que inventarlo.
Totalmente cierto. Esta competencia es un excelente motivador. Si a los jugadores del Madrid simplemente se les ofreciese más dinero (que ya cobran bastante, por otra parte), no estarían tan motivados en este sentido como por el hecho de intentar alcanzar al Barcelona.
Otra cuestión es que Juande Ramos haya sabido canalizar esta motivación, demostrando la importancia de un buen gestor, y cómo con los mismos mimbres se pueden hacer cestos muy distintos.
El mundo del deporte está lleno de este tipo de ejemplos:
La actual rivalidad entre Nadal y Federer, que ha alcanzado cotas épicas en cualquier superficie (si acaso en tierra batida es donde hay mayor diferencia, a favor del español), Sampras contra Agassi, el clásico duelo Celtics-Lakers, los Argentina-Brasil en fútbol, Senna contra Prost, o los boxeadores Joe Frazier y Mohamed Alí (Cassius Clay), etcétera.
En el mundo empresarial, también se encuentran multitud de ejemplos de grandes enfrentamientos empresariales en los que los contendientes consiguen mejores resultados gracias a la existencia de su competidor, a pesar de que la rivalidad significa en principio que tienen que repartirse un mercado.
Así, han crecido y desarrollado una gran marca, empresas como Coca-Cola y Pepsi, Hertz y Avis, Mc Donald’s y Burger King, o la rivalidad en lo deportivo y como institución educativa de Harvard y Yale, u Oxford y Cambridge.
Coca-Cola y Pepsi tienen que repartirse a los clientes pero, si no hubiese existido Pepsi, ¿habría llegado a ser Coca-Cola la marca que es hoy en día? ¿O quizás se habría conformado con menos?
Cuestión de motivación.



[...] o Navratilova-Chris Evert, por ejemplo) como en el deporte en general (como sucede con el Madrid y el Barça) o en el mundo de la empresa, en el que Coca-Cola y Pepsi llevan compitiendo más de un siglo, la [...]