Cambio de empleo PDF Imprimir
escrito por Pablo Rodríguez   
martes, 10 de noviembre de 2009

Aunque la crisis y en especial el desempleo azotan a España con mayor violencia que a otros países de nuestro entorno, el mercado de trabajo no está totalmente parado (valga la redundancia).

 

Muchas personas que actualmente tienen trabajo pero no se encuentran a gusto en él se preguntan si vale la pena buscar otro, o en la situación que vivimos es mejor aplicar el refranero popular y pensar que más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer.

 

El economista y sociólogo italiano Vilfredo Pareto, autor, entre otras, de la famosa teoría ABC, describió las fuerzas contrapuestas que suelen operar en una persona en esta situación: por una parte, siente el deseo de cambiar –aspira a algo mejor- pero por otra, el miedo o las dudas que pueda albergar frente a lo desconocido le llevan a permanecer como está. La balanza se inclinará de uno u otro lado según la personalidad y dependiendo de las circunstancias.

 

Una de las causas más habituales para que alguien se plantee cambiar de trabajo es, sorprendentemente –o quizás no- las desavenencias con el jefe (podría ser también con algún otro empleado).

 

Cuando alguien está a disgusto por su superior y no se siente contento por el trato que recibe de éste, puede llegar a ser como la erosión, que lentamente va desgastando la moral y la motivación del empleado, hasta que llega a pensar en irse.

 

Por supuesto, hay otros motivos, entre las que están los económicos (se considera que el salario no está en consonancia con la aportación que se hace, o la situación de la compañía es mala, por lo cual debemos pensar en el cambio), el horario de trabajo, el ambiente general que hay en la empresa, las nulas posibilidades de crecimiento y desarrollo profesional, o simplemente consideramos que hemos terminado nuestro ciclo (normalmente estaría relacionado con la anterior causa).

 

Es importante hacer autoanálisis y ser consciente de cuáles son los motivos que nos impulsan a desear este cambio, y no sólo del principal, ya que puede haber varios.

 

En muchos casos, el deseo de irse de la empresa es tan fuerte que a la hora de cambiar nos olvidamos de que debemos considerar unos mínimos, sino queremos ir de Guatemala a Guatepeor.

 

Por ejemplo, siento que mi ciclo ha terminado y que no puedo progresar más, y sin embargo, acepto un empleo en el cual voy a empezar en una categoría inferior a la que ocupo ahora, pero con la esperanza de mejorar posteriormente. ¿Es razonable?

 

En otra situación, no estoy a gusto con el sueldo que tengo, y encuentro otro trabajo en el cual voy a cobrar un poco más, pero está a setenta kilómetros de donde vivo, con lo cual voy a tener que desplazarme en coche, con la consiguiente pérdida de tiempo y dinero, y normalmente tendré que comer fuera. ¿He hecho bien las cuentas?

 

En otro caso, y volviendo a una de las causas más habituales, no estoy contento con mi jefe; en la entrevista que hago en otra empresa, percibo detalles muy extraños acerca de la manera de ser del que sería mi nuevo jefe y del ambiente de la empresa. ¿Casualidad? Es posible, pero...

 

Volviendo a Pareto, unas veces la balanza se inclinará hacia el cambio y otras veces elegiremos quedarnos como estamos, pero es importante tener claro qué es lo que hay que poner en cada plato.


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Comentarios
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Alberto Barbero     |10-11-09
Hola, Pablo:

En mi opinión lo peor es la actuación reactiva: no saber qué te
hizo aceptar tu trabajo, no saber qué es lo que quieres, tomar la decisión
cuando te empiezas a sentir mal por las razones que sea...

Desde mi punto de
vista el eje de todo ha de ser tu respuesta a qué es lo que quieres hacer con tu
vida y qué parte ocupa el trabajo en ello... y a partir de este eje la búsqueda
permanente: a veces habrá que conformarse con algo que no responda exactamente a
tus objetivos, pero la búsqueda te debería llevar a encontrar tarde o temprano
lugares más apetecibles.

Cambiar sí, pero siempre con un sentido.
Pablo Rodríguez   |10-11-09
Hola, Alberto.

Me gusta el comentario que haces, que matiza el post, aunque
precisamente ésa es la intención del mismo. Que cada uno se plantee qué es lo
que debe hacer, y actúe en consecuencia.

Personalmente, soy de la opinión de
que prefiero actuar y equivocarme, que lamentarme por no haberlo hecho, pero en
cualquier caso, esto requiere una reflexión sobre los pros y los contras de cada
alternativa.

Un saludo
Pablo
Ramón   |10-11-09
Yo estoy más de acuerdo con Pablo, Alberto. Creo muy importante que para
sentirse a gusto en un trabajo nos planteemos si realmente lo estamos, en
función de distintos parámetros. Para ello, es necesario un mínimo ejercicio de
autoanálisis y, añadiría, autocrítica. Creo que los principales motivos que nos
hacen aceptar trabajos son, generalmente, económicos. No todos estamos
dispuestos a aceptar empezar en un trabajo inferior al que creemos que es
nuestro nivel aún a pesar de que tengamos oportunidades de progresar con
rapidez, y esta situación empeora con la edad y la experiencia.
Aún recuerdo a
uno de los componentes del programa El aprendiz, aquel que estaba sobradamente
preparado y que alardeaba cada vez que podía de la situación que había alcanzado
en su empresa. No dudo de su profesionalidad, pero se notaba que no le iba nada
no ser él quien mandase.
Todos queremos progresar, estar en un puesto
jerárquicamente más alto, cobrar más, pero siempre hasta cierto punto: no todos
deseamos subir a lo más alto de la pirámide si ese ascenso supone perder otros
aspectos de nuestra vida. Aún recuerdo aquella frase que, en su día, Pablo, me
diste a conocer y que venía a decir que todos ascendemos hasta alcanzar nuestro
nivel de incompetencia; lo malo es que nuestro nivel de incompetencia depende de
la organización y de las personas, ya que incompetencia en el mundo laboral
puede entenderse como:

* Zancadillas de nuestros compañeros o superiores, para
que no lleguemos donde ellos no son capaces de llegar.
* No desear sacrificar
ciertos valores de nuestra vida, por lo general el tiempo familiar; nuestra
sociedad española no se distingue por la conciliación de la vida familiar y
laboral, y si ascender o mejorar significa pasar menos tiempo con tu familia
quizá sea mejor no mejorar tanto.
* Creer que se tiene derecho a un puesto sin
realmente merecerlo, basándose en cuestiones tan absurdas como la antigüedad. En
una empresa debe primar la rentabilidad, si pepito es más rentable que
menganito, se debe recompensar a pepito. Pero no siempre es así.
Pablo Rodríguez   |10-11-09
Gracias, Ramón, por tu comentario, muy completo.

Muy interesante tu
aportación acerca de la autocrítica necesaria, es muy lícito quejarse de la
situación de uno, pero también hay que plantearse si es lo que nos merecemos, o
si hemos hecho algo para cambiarla.

También importante eso que citas, tener
claro dónde queremos llegar, qué tipo de puesto queremos tener y qué estamos
dispuestos a sacrificar -y qué no estamos dispuestos- para conseguirlo.

Lo de
la antigüedad en relación a otros parámetros como eficacia, eficiencia o
productividad, lamentablemente sigue estando vigente en muchas empresas.

Un
saludo
Pablo
Fernando Lopez Fernandez   |10-11-09
Si hay una cosas que tengo clara después de muchos años trabajando, es que sólo
lo cambiaría por otro que fuese lo suficentemente apasionante o atractivo para
que ni sueldo, ni jefes me hicieran lamentarme de la decisión tomada. Es decir,
haría una valoración de conjunto de todos los elementos, especialmente de los
intangibles.
Un saludo
Pablo Rodríguez   |10-11-09
Estoy de acuerdo, hay que hacer un análisis global, si mejoramos en un aspecto
pero empeoramos en otros, quizás no estemos muy satisfechos con el cambio pasado
un tiempo.

Un saludo
Pablo
Germán     |11-11-09
Hola, Pablo:
yo no sé si ese es mi caso, pero cada vez estoy más convencido de
que el tipo de dedicación que pasaría a desempeñar si cambiase sería mucho más
gratificante que lo que he hecho hasta ahora. No quiero precipitarme en tomar
decisiones, pero como seguiría siendo mi propio jefe ese es un aspecto del cual
no me preocuparía.
Este es un post que me incita a seguir reflexionando.
un
abrazo.
Pablo Rodríguez   |11-11-09
Hola, Germán, gracias por tu comentario. Al final se reduce a una toma de
decisiones, en la cual sopesamos los pros y los contras; a algunos nos gusta
"tener más datos" o pensarlo más -aunque no hay que caer en la
"parálisis por análisis"- y otros son más impulsivos, y en ocasiones
tomarán decisiones con muy escasos indicios.

Pero es como la vida misma,
tomamos cientos de decisiones diariamente, y algunas requieren más reflexión que
otras.

Sin duda, el planteamiento profesional, a qué nos vamos a dedicar y
con quién nos vamos a vincular, es una decisión importante, que requiere su
meditación.

Un abrazo
Pablo
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