Vicente recibió una llamada de su jefe. Debía ir a su despacho a comentar el último informe que le había entregado, en el cual había incluido una propuesta que podía resultar muy interesante a medio plazo para la compañía.
- A ver qué querrá éste ahora, ya verás, seguro que me va a echar una bronca -comentó con su compañera de despacho-. Bueno, allá voy…
- ¿Se puede?
- Sí, pasa, Vicente, quería comentarte el informe que me pasaste la semana pasada, he estado revisándolo a fondo, y…
Ya verás, parece muy suave, y ahora vendrá la bronca –pensaba Vicente-. Sin embargo, la continuación de Francisco le dejó totalmente descolocado.
- Me ha encantado, enhorabuena, has hecho un trabajo excelente.
No puede ser, algo falla aquí, ¿estaré soñando? –se preguntó Vicente-. Ahora seguro que me cae un marrón de no te menees, esto no es normal.
- Hay un punto que me ha llamado mucho la atención, y es esa propuesta que haces sobre la relación de nuestro departamento con los clientes. Me parecen unas reflexiones muy acertadas, y muy precisas, además; has afinado mucho.
Uf, esto es peor de lo que pensaba. Ya verás, ahora vendrá el “pero”, y la bronca, o sonará el despertador, esto es muy raro.
- Creo que podemos avanzar más en eso que planteas; por mi parte, mañana me reúno con el presidente, y le hablaré de esta idea tuya, a ver qué le parece. Tú sigue dándole vueltas y yo haré lo mismo, ya verás, de aquí va a salir algo bueno, seguro. Sólo era esto, si te parece pasado mañana te cuento cómo me ha ido con el presi, y seguimos hablando. Gracias de nuevo, y sigue así.
Vicente dio las gracias a Francisco, y salió de su despacho totalmente ensimismado. Ésta había sido la conversación más extraña que había tenido nunca con él. En cuatro años que llevaba en la empresa, no recordaba que le hubieran dado las gracias o le hubiesen felicitado, y ahora, en cinco minutos de conversación, todo eran parabienes.
Tan enfrascado iba Vicente en sus pensamientos, que estuvo a punto de chocar con Arantza, su compañera de despacho.
- ¿Qué tal, Vicente? ¿Ha sido muy gorda? Te veo muy pensativo –le dijo Arantza, con expresión preocupada.
- Qué va, al contrario. Tan al contrario que me ha dejado más preocupado, si cabe. Me ha felicitado y me ha agradecido mi trabajo, casi parecía que me estaba haciendo la pelota.
- Bueno, bueno, yo también estaría preocupada. Llevo trabajando casi diez años con Francisco, y nunca le oído agradecer nada a nadie. Desde luego que es muy sospechoso…


