| El precio justo |
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| escrito por Pablo Rodríguez | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| viernes, 31 de julio de 2009 | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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Voy con un tema algo polémico, aunque últimamente se hable un poco menos de ello a causa de la situación casi deflacionaria que vivimos. ¿Están inflados los precios de los alimentos?
Periódicamente, los medios de información nos recuerdan lo abusivos que parecen los precios de algunos alimentos en relación a lo que se paga a los productores de los mismos, y según cuáles, las cifras que presentan parecen muy significativas, ya que hay productos en los que al agricultor se le pagan unos céntimos por kilo, y en las fruterías y supermercados superan ampliamente el euro, con márgenes del 300%, o del 1000%, cifras en cualquier caso llamativas.
Además, se suele hacer hincapié en que existen por el camino varios intermediarios, que son los que encarecen el producto y los que se quedan con el dinero, o por lo menos es lo que se piensa habitualmente. Cooperativas, transportistas, mercados mayoristas, y empresas transformadoras no hacen sino encarecer esos productos; por ejemplo, en el caso de la leche, pasando de los treinta céntimos que se paga al productor a los más de ochenta a los que se vende al público.
Pero olvidándonos de posibles competencias desleales, como sucede en este último sector, también es cuestión de hacer números, ya que no es tampoco el enriquecimiento sin más de los intermediarios que nos quieren presentar, así que trataré de ver con un sencillo ejemplo el otro punto de vista.
Imaginemos un pequeño productor de tomates. En su finca de 4.000 metros cuadrados, con sus invernaderos correspondientes, produce unos 48.000 kilogramos al año, es decir, una media de 4.000 kilos al mes, y los vende a 30 céntimos el kilo, es decir, obtiene unos 1.200 euros al mes.
Como los tomates se están vendiendo en la tienda a 1,30 euros el kilo, nuestro amigo considera que él está perdiendo una buena oportunidad de ganar más dinero, así que decide montar una tienda por su cuenta: El rey del tomate.
Para simplificar, no tendré en cuenta los impuestos ni similares, simplemente haré un cálculo estimativo de sus costes, agrupándolos por grandes partidas, ya que no busco exactitud ni elaborar un Plan de Negocio, sino ver la otra cara de la moneda.
El Rey se encuentra con que debe añadir unos costes fijos de 600 euros por el alquiler de la tienda, 300 por el crédito personal que ha pedido para su negocio, 1.500 euros por la persona que tiene contratada, y otros 200 euros en suministros varios: agua, luz, teléfono…
Además, en el transporte y el empaquetado de la mercancía gasta otros diez céntimos por kilo, es decir, 400 euros al mes (la furgoneta ya la tenía).
El primer mes nuestro emprendedor ha sido un éxito, ha conseguido vender sus 4.000 kilogramos, con lo cual ha obtenido: 4000x1,30 = 5.200 euros. Descontando sus gastos (600+300+1500+200+400) = 3.000 euros, ha obtenido 2.200 euros de beneficio, contra los 1.200 que ganaba antes. ¡Bien! Está contento.
El segundo mes sólo vende 3.000 kilos, con lo cual obtiene: 3000*1,3 = 3.900 euros.
Sus gastos son igualmente de 3.000 euros, y el resto de los tomates se le han estropeado, porque no los ha vendido a tiempo. Sólo ha obtenido 900 euros. Ya no parece un negocio tan lucrativo…
Hace unos meses vi en el telediario que unos agricultores habían tomado una iniciativa de este tipo, montando una tienda en la que vendían directamente sus productos, a precios más competitivos que los habituales.
Es posible ganar más dinero si uno asume las diversas funciones que realizan estos intermediarios, pero también es cierto que hay que echar números, no es oro todo lo que reluce y que, como dice una máxima de la economía, riesgo y beneficio suelen ir de la mano, es decir que si queremos tener mayores beneficios, tendremos que asumir mayores riesgos, como es el caso de nuestro amigo El rey del tomate.
Desde el otro punto de vista, todos estos intermediarios que participan en el proceso acercan el producto para que el consumidor disponga de él cuando quiera y donde quiera (vamos al supermercado y siempre esperamos tener allí los artículos disponibles). Y eso tiene un precio. Si nos parece caro, nada nos impide irnos a buscar las chirimoyas al campo, comprárselas directamente a los agricultores.
Ah, ¿Que en mi pueblo no hay chirimoyas?
Un último apunte, estos porcentajes del tropecientos por cien también se producen porque son productos de un precio unitario muy reducido, con lo cual al añadirles todos esos costes es normal que se produzcan esos saltos, así que tampoco debería llamarse tanto la atención sobre ese hecho.
Simplificando, si por un kilo de cebollas se le paga al productor 20 céntimos por kilo, y el transporte cuesta otros 20 céntimos, ya hemos incrementado el precio en un 100%. Si por el mismo kilo se pagasen al agricultor 2 euros, el incremento de 20 céntimos por el transporte sólo sería un 10%.
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