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Negociaciones salariales

En el momento actual, en el que muchas personas se han quedado sin trabajo o temen hacerlo, parece que el aspecto salarial queda en un segundo plano. Lo que importa es tener trabajo, y muchos aceptan congelaciones o incluso rebajas de su sueldo, con tal de mantener el empleo.

Por supuesto, de tratar de negociar una subida, ni hablamos. ¿Y cuando se opta a entrar en una empresa? Aunque a todo el mundo le gusta mejorar, muchas personas han rebajado también en este caso sus expectativas, a la vista de la coyuntura.

Lógicamente, la situación de la economía nos afecta a la hora de estimar cuánto deberíamos cobrar, pero tampoco hay que perder de vista que esto es así dentro de unos límites, no hay que perder la perspectiva.

Estar satisfechos con el dinero que se cobra depende de varios factores, algunos serán comentados a lo largo de este artículo y seguro que en los comentarios surge alguna cuestión más; ¡queda abierto el debate!

En primer lugar, diría que la percepción que uno tiene de lo que sería un buen sueldo es algo subjetivo, depende de cada uno. Para el mismo puesto de trabajo, el mismo sueldo puede ser insuficiente y escaso para una persona y otra, sin embargo, considerarse bien remunerada.

Esto depende también de las circunstancias personales de cada uno y de su situación actual.

También depende de lo que se pague habitualmente en el sector. De esta manera, por ejemplo, un administrativo del sector de oficinas y despachos puede considerarse satisfecho si le pagan 1.000 al mes mientras que la misma persona puede considerarlo insuficiente si se pasa al sector de la construcción, porque ahí la media para su puesto son 1.200 euros.

Obviamente, esto estará afectado por la situación económica, como sucede en la actualidad; de tal manera que si hace dos años un obrero pedía 2.000 euros al mes, hoy en día probablemente se conforme con 1.500, pura ley de la oferta y la demanda.

En función de los niveles salariales que se manejen en la propia empresa, uno también puede estar más o menos satisfecho, incluso para puestos que no tienen que ver con el nuestro. Si el mismo administrativo del ejemplo de antes cobra 1.300 euros, pero el que menos cobra en su empresa (sin contarle a él) cobra 1.600, se sentirá insatisfecho, a pesar de tener un salario superior a lo que él consideraba como aceptable.

Este tipo de comparativas  -además de con el mercado y con la situación en nuestra empresa- también las podemos establecer con nuestros amigos y/o familiares, aunque sus trabajos no tengan que ver con los nuestros.

“Pues mi cuñado Juan, que es comercial, gana 2.500 euros al mes, y mi prima  Alicia, que es físico nuclear, 2.700; y mi amigo Enrique, el profesor, no baja de 2.000… y yo, ¿me tengo que conformar con 1.300 euros?” “Pues depende, ¿en qué trabajas?”

A  muchas personas les resulta violento que les pregunten  en una entrevista cuánto querría cobrar, y no saben exactamente qué contestar. ¿Por qué sucede esto? Trabajamos por dinero, y todos tenemos una idea subjetiva de cuánto nos gustaría cobrar por el trabajo que vamos a desempeñar, y sin embargo, a muchos les cuesta decirlo.

Para poder responder adecuadamente a esta cuestión, deberíamos tener claro:

- Cuál es nuestra situación de partida, cuánto ganamos ahora y cuánto nos gustaría cobrar por un trabajo así. Esto, en principio parece sencillo, pero todos deberíamos hacer este análisis previamente.

- Conocer cuánto se paga normalmente por ese tipo de puesto en el mercado. Buscando en Internet, especialmente en diversos portales de empleo, Juan ha visto que para un puesto de programador no es descabellado pedir 24.000 euros al año, mientras que si es jefe de proyecto puede pedir 36.000, todo ello en la ciudad donde reside. Ya tiene una orientación.

- Saber los niveles salariales en que se mueve dicha empresa. Esto es más difícil de saber, y no es una cuestión fundamental a priori, porque si pedimos en exceso ya nos lo harán saber y si nos quedamos cortos, siempre podremos negociar a posteriori en base a nuestro trabajo. Pero si se puede conocer esta información, mucho mejor, puesto que nos permite afinar más en nuestra solicitud.

Y como en cualquier negociación, es importante tener muy claras varias cuestiones:

- Cuál es nuestro BATNA, o mejor alternativa a un acuerdo negociado. Por ejemplo, si Pedro tiene dos ofertas, y en una de ellas le ofrecen 1.300 euros al mes, sabe que tiene esta baza, y por lo tanto para la otra empresa puede pedir en principio una cifra superior. Si no llega a un acuerdo, tiene esta otra opción.

- También debemos tener claro cuál es nuestro rango de negociación, estableciendo un mínimo aceptable y un máximo deseado. De este modo, Pedro puede tener un rango entre 1.400 y 1700 euros al mes. Éste puede servir como base de negociación para él, si le preguntan cuánto quiere cobrar.

De este modo, Pedro evitaría dar una respuesta concreta, pero sí que le establecería al entrevistador los límites. Éste sabe que por menos de 1.400, no le contratará, por esa cifra sí, pero quizás no esté excesivamente satisfecho, y si le paga 1.700 o más tendrá contento a nuestro protagonista.

Valores intermedios también conseguirán la contratación, y dependiendo de que se acerque más al nivel superior o al inferior estará más o menos contento.

Otra posibilidad que tendría es la de intentar que sea la otra parte la que haga la oferta monetaria, lo cual puede ser en algunos casos ventajoso, pero también puede tener inconvenientes.

Si está por encima de lo que pensábamos pedir, estupendo, pero si está algo por debajo, es un problema, porque ya se ha establecido ese baremo, y de alguna manera éste funcionará como un ancla mental que fija los límites.

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