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Suena el despertador. Las seis de la mañana de una hermosa mañana de sábado de finales de mayo. Alberto lo mira de reojo y lo apaga malhumorado.
- ¿Por qué se me ocurriría hacer caso a mi hermano Toni? –se preguntó mientras se desperezaba. Bueno, el caso es que ahora ya hemos quedado –continuó meditando para sí mismo- así que, ¡allá vamos! Toni era su hermano mayor, director comercial de una importante firma que exportaba sus productos a una treintena de países; y aficionado al montañismo, motivo por el cual le había invitado semanas atrás a acompañarle a una “pequeña” excursión. Lo que para Antonio era un simple paseo, para Alberto representaba un gran reto. Pasaban unos minutos de las ocho cuando llegaron al pie del monte. Cuando empezaron el camino –eran seis horas de ascenso, a un ritmo medio- Alberto alzó su vista hacia la cumbre, y le dijo a su hermano: - Toni, la verdad es que no sé por qué me he dejado convencer para venir aquí, pero mejor me doy la vuelta, creo que no voy a ser capaz, o que voy a ser un lastre para ti, y prefiero retirarme ahora que a medio camino. - Venga, no te irás a rendir tan pronto –le respondió su hermano. Ya verás, en cuanto empecemos a ascender y respires el aire puro y contemples las vistas que hay, seguro que quieres más –continuó Toni con una sonrisa. - Bueno, está bien, pero si veo que la cosa está muy difícil, volvemos, ¿eh?, que yo no estoy tan entrenado como tú. Siguieron caminando y a medida que subían por el serpenteante camino y que el sol iba brillando con más fuerza, Alberto empezó a sentirse mejor y más confiado. Llevaban andando unas tres horas cuando hicieron una parada, al lado de un pequeño manantial de agua cristalina. - Ya me está costando, y aún estamos a mitad de la ascensión, pero… no sabes lo que estoy disfrutando de esto. Gracias, Toni, por haberme convencido –dijo Alberto, tras beber un largo trago de agua. - Sabía que te gustaría, a ti lo que te cuesta es empezar, pero cuando te pones, te pones –respondió Toni guiñando un ojo a su hermano. ¿Te acuerdas cuando te eché una mano con la asignatura de economía? Toni había estudiado Empresariales, y siempre fue un estudiante medio. Alberto se licenció en derecho con el mejor expediente de su promoción, siempre había sido un alumno muy brillante. Sin embargo, la asignatura de economía aplicada se le había atragantado, y le había cogido manía, así que la fue dejando para el final. Un día, Toni le ofreció su ayuda y la preparó con él, de manera que no sólo consiguió aprobarla, sino que sacó un sobresaliente. Al finalizar la carrera, fue “fichado” por un importante bufete, donde sigue trabajando en la actualidad, a pesar de no estar demasiado satisfecho. Dos horas y media después, alcanzaron la cima del monte. Alberto se encontraba exhausto, pero contento. - Uf, Toni, hemos subido realmente rápido. La verdad es que estoy muy contento de haber venido, y eso que al principio estuve a punto de renunciar. Alberto hizo una pausa mientras contemplaba las excelentes vistas que tenía ante sí. Después continuó: - Aún no sé cómo he conseguido llegar hasta aquí –prosiguió. Menos mal que me convenciste para que no abandonara. - Has sido tú el que has subido, hermano –le respondió Toni. Paso a paso, no hay más secreto.
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