Las expectativas (II) PDF Imprimir
escrito por Pablo Rodríguez   
jueves, 22 de octubre de 2009

Tal y como comentaba ayer, el efecto de las expectativas fue analizado en un experimento organizativo que pretendía comprobar hasta qué punto se podía mejorar el rendimiento de la empresa con la utilización de esta técnica.

Alfred Oberlander, director de distrito en la compañía de seguros Metropolitan Life, había observado que las agencias de seguro que destacaban crecían con mayor rapidez, y que las personas que se incorporaban a la empresa rendían más en las agencias sobresalientes que en las mediocres, independientemente de sus aptitudes comerciales.

Basándose en ello, hizo tres grupos: agrupó a sus mejores agentes bajo los mejores jefes, a los agentes medios con un jefe de rendimiento medio, y a los trabajadores menos capaces los puso bajo los peores jefes.

El que fue conocido como “grupo de los fenómenos” superó incluso las expectativas que se tenían sobre él, y gracias a ello las ventas globales crecieron un 40%.

Por otra parte, el rendimiento de los que se había clasificado como de bajo nivel, descendió considerablemente, a modo de profecía autocumplida.

Sin embargo, sí que hubo un resultado inesperado en el experimento. Los del grupo medio también aumentaron de manera muy importante su productividad. Esto se debió a que la jefa del grupo se negó a creer que eran menos capaces que el grupo de los fenómenos, y cada día repetía a sus colaboradores que ellos tenían más potencial que aquéllos, que podían superar a las “estrellas”.

Esta motivación de la líder consiguió que el porcentaje de mejora de su grupo fuera superior al de los del grupo alto rendimiento (aunque en números absolutos, éstos vendieran más).

El problema es que parece resultar más fácil comunicar expectativas bajas que grandes expectativas, aunque sea de manera inconsciente. Y es que es una cuestión de cómo se trata a la gente y qué se espera de ella, y no de cómo se organiza. Y muchos directivos tienen claro cómo organizar, pero no cómo comunicarse.


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Comentarios
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María Hernández  - En cinco palabras...     |22-10-09
Hola Pablo:

Cuando un jefe llega hasta sus empleados con un nuevo proyecto y
lo primero que dice es: "Nos ha caído un marrón" ¿qué actitud se puede
esperar del grupo?.

Luego puedes organizar, delegar y hacer hasta piruetas en
el aire, pero el "ánimo" que has creado es el peor de los
principios.

Aunque la palabra "motivar" es una de las que más se
oyen, prefiero usar "ilusionar".

Esa frase tan conocida "De
ilusiones también se vive" es como para tenerla en cuenta, porque cuando
estás ilusionado, tienes ganas, fe, esperanza, alegría, buen humor y, sobre
todo, ánimo para seguir adelante.

¿A quién no le gustaría trabajar con un
equipo "ilusionado"? Pues bien, creo que en la gran mayoría de las
ocasiones falta saber ilusionar al personal, bien sea por falta de comunicación,
bien por una comunicación errónea.

Las falsas expectativas terminan creando
insatisfación y frustraciones, pero una buena dosis de expectativas positivas
generan más entusiasmo.

"Un nuevo proyecto, es una oportunidad única para
hacerle ver a este cliente el buen trabajo que sabemos hacer. Cuento con todos
para lograr crear un producto innovador y que consiga fidelizar esta cuenta para
el futuro"

Donde va a parar ésto a decir "Nos ha caído un
marrón".

Solo cinco palabras y adiós ILUSIÓN, ¡qué pena!.

Un saludo,
Pablo.

María Hdez.
Pablo Rodríguez   |22-10-09
Hola, María. Precisamente debatía yo estos días en otro blog acerca de las
diferencias entre animar y motivar...

Está claro que, llamémosle como le
llamemos, como bien dices con un poco de ilusión se puede conseguir una
motivación extra para el grupo, con objetivos alcanzables pero retadores. Pero
si el propio jefe del grupo ya nos desanima, la cosa no pinta muy bien.

Un
saludo
Pablo Rodríguez
Josep Julián   |22-10-09
El poroblema es saber lo que hizo a continuación el ejecutivo avispado. ¿Volvió
a mezclar los grupos? ¿le partieron la cara? ¿Es el actual presidente de la
compañía?

Un abrazo.
Pablo Rodríguez   |22-10-09
Jaja, pues no sé la respuesta a esas preguntas, por la lectura del libro en el
que se cuenta parece dar a entender que le fue bien, pero no sé los
pormenores...

Un saludo
Pablo Rodríguez
Germán   |22-10-09
Una de las concepciones que se tuvo en cuenta en el glosario del management
americano de los 90 era la discriminación: de los buenos puedes sacar oro; de
los malos... ¿para qué perder el tiempo con los malos, si no los vas a cambiar?
No sé si esto es una filosofía que se da en las empresas europeas, pero es
evidente que la separación de grupos no está hecha para permanecer en el mismo
mercado, dentro de las actividades de la misma empresa. La actitud de la jefa de
grupo es loable, pero si aun así el rendimiento del grupo se demuestra
insuficiente será para pensárselo. Lo que sí está claro es que el tercer grupo,
a juzgar por la nueva política de competencia interna, debe reubicarse. Y los
jefes... pues dejar de ser jefes, ¿no?
Un abrazo, Pablo.
Pablo Rodríguez   |22-10-09
Hola, Germán, tienes razón en que el caso está sacado de un ejemplo
estadounidense, y quizás las técnicas de management del otro lado del
charco sean un poco fuertes para aquí...

Por otra parte, la actitud
de esta jefa del grupo medio me acaba de recordar, en relación a tu
comentario, al famoso experimento hawthorne http://www.economiasencilla.com/herramientas-y-..., en el cual por el sentido de pertenencia, el saberse protagonistas de
algo, etcétera, el rendimiento aumentaba
notablemente.

Un abrazo
Pablo Rodríguez
fernando lopez   |25-10-09
Yo más que de motivar, hablaría de no desmotivar. la motivación creo que se la
debe buscar uno mismo. Otra cosa es que debes tener gente alrededor ,sean jefes
o compañeros, que tengan ilusión. Para mi es un pack casi indivisible. Hay
muchos jefes que también transmiten ilusión y energia y empleados que la
"boicotean" por las más variadas razones y viceversa.
Esto, para mi,
es una de las cosas más dificiles de gestionar.
Saludos
Pablo Rodríguez   |27-10-09
Hola, Fernando, yo creo que hay que prestar atención a ambos factores,
tanto a los que motivan como a los que desmotivan, ya que puede hacerse
un matiz en este sentido, tal y como definió Herzberg, puedes echar un
vistazo a este artículo: http://www.economiasencilla.com/comentarios-sob...

Un saludo, y gracias por tu aportación
Pablo Rodríguez
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