El director financiero terminó de elaborar los presupuestos para el año que viene. Eran casi las once de la noche, pero no se sentía cansado, sino orgulloso de su trabajo. Al día siguiente había quedado con el gerente para analizarlo.
- Buen trabajo, Juan –le dijo el gerente. Así que según este presupuesto, seguiremos con la línea ascendente de las ventas, casi un 6% en relación a este año, y los gastos sólo se incrementarán un 4%. Excelente…
- Gracias, Esteban. Hemos hecho un esfuerzo especial en revisar todas las partidas de coste, y creo que hemos logrado mantenerlo contenido a pesar del aumento de la actividad. Son unas buenas cifras.
- Déjame que les eche un vistazo más a fondo, y volvemos a comentarlas, ya sabes que me gusta mirarlo todo con lupa.
- Sin problema. Consúltame lo que quieras, y vamos viendo.
Esteban había comenzado la empresa desde cero, y había logrado crear una empresa que facturaba millones de euros, con alrededor de cuarenta empleados. De vez en cuando, le gustaba recordar sus inicios.
Una semana después, volvieron a reunirse.
- Juan, he visto que la mayoría de las partidas se incrementan un poco sobre el año anterior, prácticamente no hay ninguna que se libre de esto.
- Sí, están todas bastante ajustadas este año, y aunque las hemos revisado exhaustivamente, en general hemos previsto un pequeño incremento para el año que viene, por efecto de la inflación, del aumento de actividad… Lógicamente –continuó Juan- en la práctica haremos todo lo posible para mejorarlo, es una cifra que nos sirve como base.
- Es que estaba pensando… por lo que me dices, cada partida ha sido revisada en función del año anterior y en base a la previsión de actividad del futuro…
- Sí, claro –respondió Juan.
- Sin embargo, recuerdo cuando empecé con todo esto. Tenía muy pocos gastos, y todo lo miraba con lupa, no gastaba más de lo imprescindible, ya que no me lo podía permitir.
- Supongo que los comienzos son difíciles –dijo Juan, con voz dubitativa. ¿Dónde querría ir a parar su jefe?
- Lo que me gustaría que replantearas es lo siguiente. Coge partida a partida, y elimínalas del presupuesto –Juan le observaba extrañado- y piensa hasta qué punto son realmente necesarias para lo que hacemos, qué valor nos aportan. Si éste es menos de lo que nos cuesta, quizás sea necesario eliminarla.
- Pero, hombre –balbuceó Juan- tampoco es exactamente así. Hay cosas que no tienen un impacto tan directo, pero que son necesarias.
- Es posible, pero esbózalo de esa manera, piénsalo al revés. Imagina que tu presupuesto es cero, y que tienes que justificar todos estos gastos, en base a su importancia o a la necesidad que tenemos de realizarlos. La semana que viene lo vemos.
Tras esta conversación, Juan se quedó un buen rato meditando. Parecía tener sentido pero al fin y al cabo, los gastos que estaban presupuestados, y que año a año se iban ejecutando, tenían su razón de ser. ¿O no?


