Uno de los problemas del trabajo en grupo surge cuando a la hora de tomar decisiones, se llega a una situación en la que se produce la llamada paradoja de Abilene, de tal manera que se termina haciendo algo que ninguno de los participantes consideraría positivo realizar a título individual.
Como nadie expresa claramente sus objeciones, todos terminan votando lo que creen que desean los otros (el enlace de la wikipedia lo explica bastante bien).
En muchas empresas, este tipo de problemas se soslaya inclinándose hacia el que es casi el polo opuesto. Aunque puedan existir deliberaciones dentro del grupo, al final existe un voto de calidad, y es el jefe el que decide (que es su labor, al fin y al cabo), pero casualmente, la opción que elige siempre es la que había aportado él mismo.
Éste es un aspecto que no se debería confundir, pero se hace en demasiadas ocasiones: como soy el jefe, tengo el poder de decisión, tengo la última palabra… pero esto no significa necesariamente que mi decisión tenga que coincidir con lo que yo pensaba inicialmente sobre el tema.
Me gusta en este sentido recordar la frase de uno de los gurús del mundo de la publicidad, David Ogilvy: “Si todos contratamos a personas más pequeñas que nosotros nos convertiremos en una compañía de enanos. Pero si contratamos a personas más grandes que nosotros nos convertiremos en una compañía de gigantes”.
Debemos ser capaces de aprovechar las capacidades de todos y cada uno de los integrantes de la empresa, ya que de otro modo limitaremos el potencial de la misma al del jefe que toma las decisiones.
Hay otros elementos importantes para conseguir esta apertura mental, que nos puede proporcionar un gran potencial de crecimiento, como son:
- Deshacerse de los prejuicios, claramente limitativos.
- Reflexionar sobre la forma de plantear el problema, ya que en muchas ocasiones este planteamiento condiciona la solución a la que se llega.
- Ser capaz de apreciar lo que hacen y piensan los demás, a pesar de que sea distinto a lo que haríamos o a lo que pensamos nosotros.
Tal y como comenta Josep Julián, puede significar un esfuerzo considerable, e incluso en muchas ocasiones, las personas que aportan visiones distintas o discrepan no están bien vistas en las empresas, con lo cual muchas veces, terminaremos yendo a Abilene aunque nadie quería hacerlo.
“No estoy de acuerdo contigo, pero me gusta cómo piensas”, dijo Josep Julián. Excelente frase, porque admitir la posibilidad de que el pensamiento y la opinión de otros es tan válida como la nuestra es el primer paso para conseguir que exista una verdadera sinergia en el grupo, y que su fuerza sea superior a la suma de los individuos.
Y de esta manera, conseguir esta compañía de gigantes de la que hablaba Ogilvy.



Me interesó Abilene y las sinergias http://bit.ly/1GyoQm de @pablorb