Fernando empezó a trabajar hace unos años en una pequeña empresa. En poco tiempo despuntó, y logró ser contratado por una pyme con ansias de comerse el mercado.
Pronto consiguió ascender, y convertirse en jefe de equipo. Desde ese puesto de liderazgo, fue progresando y con él su empresa. Era capaz de motivar a todos para conseguir siempre un poco más, todos confiaban en él y en su talento innato, en su espíritu ganador.
La pyme fue creciendo y conquistando mercados, un pequeño triunfo aquí, otro allá. Al principio, los grandes del sector lo veían como algo “simpático”, el pequeño pez que hace sus pinitos. Pero en ocasiones, el pez chico se come al grande, y bajo la batuta de su directivo estrella, conquistaron el mercado, consiguieron convertirse en líderes.
Las razones de este éxito no pasaron desapercibidas a una de las grandes del sector, mucho más poderosa económicamente que su empresa actual, así que Fernando recibió una oferta casi irrechazable. Y no lo hizo, la aceptó, porque era una de esas empresas “de toda la vida” a la que todo el mundo querría ir, y el ofrecimiento, tanto económicamente como el propio planteamiento que se le ofrecía, eran muy atractivos.
Fernando tiene claro cuáles son sus valores, cuál es su marca personal, qué buscan en él las empresas, y qué puede ofrecer. Tiene claro que puede conseguir otra vez el liderazgo del mercado en su nuevo proyecto.
En poco tiempo, da un vuelco a la situación. Su nueva empresa, que tradicionalmente era una de las líderes del sector, pero llevaba varios años “de capa caída”, resurge de sus cenizas. Fernando logra aumentar su cuota de mercado hasta volver a codearse con los más grandes, pero el ambiente está muy enrarecido, y se plantea un cambio en su trayectoria.
Así no se puede trabajar –se lamenta. Sin embargo, continúa haciendo su trabajo lo mejor posible, para “continuar en el mercado” como trabajador y porque su conciencia no le permite hacerlo de otra manera. A pesar de que las condiciones de trabajo no son las esperadas, y tiene fuertes enfrentamientos con su jefe y con algunos compañeros, sigue haciendo su labor, hasta que, harto de pelear en solitario, a través de sus antiguos contactos regresa a la pyme en la que comenzó sus éxitos.
Sin embargo, la situación ya no es la que era cuando se fue de allí. La empresa había crecido mucho, pero no fue capaz de mantener la batalla mientras él estuvo fuera, había perdido mucho terreno. A sus habituales competidores, muy fuertes económicamente, se habían añadido varias empresas que fueron ocupando diversos nichos de mercado, y quitándole clientes.
Las condiciones actuales son complicadas, y a pesar de sus esfuerzos, no está logrando recuperar el terreno perdido. La actual crisis corta las posibles vías de financiación, y los nuevos competidores han puesto el listón muy alto, con productos diferentes e innovadores que han tenido un gran éxito.
Pese a las dificultades, Fernando no se desmoraliza y continúa peleando. No sólo lo hace por su empresa actual, sino más bien por sí mismo. Sabe que demostrar día a día que es capaz de obtener el mejor provecho de unos recursos limitados es su mejor tarjeta de presentación, su mejor currículum.
Porque como profesional no puede permitirse otra cosa, a pesar de que en el pasado ya demostró su capacidad. Porque es consciente de que si no es en su empresa actual, su manera de trabajar le permitirá conseguir un mejor trabajo en el futuro. Como algunos habrán adivinado, el futuro se llama Ferrari y Fernando se llama Alonso.
Aunque ya sé que muchos me podrán decir que Alonso no es un buen ejemplo para los que somos “trabajadores de a pie”, yo creo que en muchos aspectos sí que lo es. Está claro que alguien que ha ganado tanto dinero y dos títulos mundiales, podría retirarse si quisiera, pero él mantiene el ansia de triunfos.
Además, en los dos últimos años en Renault ha demostrado que no se rinde, y que continúa buscando mejorar como sea. Aunque sólo sea como trampolín para irse a una empresa mejor. Porque si el profesional Fernando Alonso se echase a perder, y no se esforzase al máximo, posiblemente Ferrari no quisiese contratarle -a pesar de haberlo hecho excelentemente en el pasado-.
Por eso, todos debemos tratar de dar lo mejor de nosotros mismos en nuestro trabajo, a pesar de que en muchas ocasiones las dificultades sean tantas y tan grandes. Porque nos fortalecerá internamente y porque puede ser nuestra mejor tarjeta de visita, la mejor representación de nuestra marca personal.


