Information is power (la información es poder). Este clásico dicho es muy tenido en cuenta por multitud de trabajadores y especialmente directivos, que consideran que conocer determinadas cuestiones que están vedadas a los demás, o incluso retener dicho conocimiento a propósito es una carta en la manga o un comodín, que pueden utilizar cuando mejor les convenga.
En los tiempos de crisis que vivimos, en muchas empresas se producen despidos masivos, ERE’s, etcétera, sin que los afectados por los mismos hubiesen tenido nunca información previa acerca de la situación de la empresa.
Llegado ese momento, incluso algunos muestran su incredulidad ante lo que les ha sucedido, ya que “nunca les habían dicho que la empresa fuese mal”, o “parece mentira, tantos años dándolo todo por esta empresa y ahora nos encontramos con este ERE así, de repente”.
Aunque es indudable que en muchos casos hay determinados síntomas que el trabajador puede observar, y que pueden resultar indicativos de que existen problemas en la compañía (retrasos, aplazamientos o impagos a proveedores, retrasos en el pago de las nóminas, aumento de las devoluciones de material de los clientes, aumento de los impagos por parte de éstos, etcétera), también es verdad que no es habitual que los trabajadores “de base” reciban demasiada información acerca de la situación de la empresa.
Hay que ser discretos, piensan algunos directivos. No hay por qué alarmar a los trabajadores, razonan otros. Ellos qué sabrán, que se dediquen a lo suyo y nosotros a lo nuestro, argumentarán otros. Los rumores enseguida se extienden, ¿para qué vamos a comentar nada con los trabajadores?
Es un dilema complicado. Vivimos en la sociedad del conocimiento, en muchas empresas el “modelo industrial” según el cual los trabajadores no piensan, sólo ejecutan, ha quedado obsoleto. Pedimos implicación y compromiso a los empleados y sin embargo, no confiamos en ellos para comentarles cómo va la empresa (salvo que vaya bien, por supuesto).
Quizás, además de información, sea cuestión de formación. Tanto para los directivos que tendrían que compartir lo que conocen como para los empleados que tienen que asimilar lo que se les dice.
Es un problema complejo, así que termino el artículo como lo empecé, en inglés:
Compartir o no compartir, that’s the question.


