¿Dirección por objetivos? No todo son ventajas PDF Imprimir
escrito por Pablo Rodríguez   
miércoles, 01 de julio de 2009

La Dirección por objetivos (DPO) parte de una premisa clara, la evaluación de los trabajadores se hará en función del cumplimiento de los objetivos por parte del empleado. Aparentemente, esto representa un avance, pero también tiene sus puntos débiles.

 

El gurú Peter Drucker es considerado el padre de esta teoría –que tiene más de cincuenta años-, que permite evaluar el desempeño de las personas más allá de consideraciones subjetivas, en base a que cumpla los objetivos que se le establecen; enlazándolos con los objetivos empresariales, también se alcanzarán éstos.

 

En principio, la teoría es simple, y en varias ocasiones he abogado por hacer más caso al desempeño de los empleados que al tiempo de presencia en el puesto de trabajo, como es usual en muchas empresas. No se trata de estar cincuenta horas a la semana en la empresa, sino de cumplir con tu trabajo.

 

Una vez que se establecen esos objetivos y la forma de medirlos, el proceso aparentemente se simplifica. El trabajador sabe qué es lo que tiene que hacer y cómo se le va a evaluar. Puede servir también para establecer la carrera profesional, en función del cumplimiento de diversos ítems, y promover de esta manera la mejora del empleado.

 

Normalmente, para fijar los objetivos se reúnen el empleado y su superior, y definen cuál es el trabajo a realizar y los objetivos a cumplir a corto plazo; periódicamente, se va evaluando el cumplimiento de los mismos y concluido el período de evaluación, se realiza la valoración del trabajo.

 

Sin embargo, la técnica presenta una serie de problemas, que he tenido ocasión de ver en diversos casos:

 

- Dependiendo del puesto de trabajo, y en especial cuanto más alto es éste en el escalafón, menos se adapta a una descripción rígida de tareas. En descripciones de objetivos realizadas para un manual de calidad, he percibido como en determinados puestos se hace compleja la evaluación basada en unos cuantos ítems, ya que el trabajo del directivo es a menudo mucho más variado, complejo y político, y es complicado reducirlo a objetivos simples.

 

- Además, una excesiva estandarización de los objetivos y de las tareas del individuo puede terminar en una excesiva burocratización, en el sentido peyorativo del término “ése no es mi trabajo”, o “no puedo ocuparme de ese tema, ya que tengo que hacer este otro”, y una disminución de las posibilidades de innovación; si definimos en exceso las tareas a realizar, ¿qué posibilidades quedan para la creatividad o la espontaneidad? ¿Qué es mejor, que la persona que atiende al cliente trate de solucionar razonablemente su problema, o que se atenga al manual y no se lo resuelva?

 

- En muchas ocasiones, hay aspectos que no sólo dependen de una persona, sino que debido a la interrelación que hay entre departamentos y entre procesos, su consecución depende de varios empleados. Es complicado en este caso evaluar el cumplimiento de los objetivos de una persona cuando su trabajo no ha sido llevado a cabo adecuadamente a causa de un problema en otro departamento, por ejemplo.

 

- La objetividad en la valoración es un aspecto que puede ocasionar problemas. Si los objetivos elegidos no son medibles numéricamente, sino que requieren una valoración subjetiva, habrá conflictos. Si lo son, es posible que no haya esa problemática, pero puede que no sean adecuados. El problema es que habrá preferencia por objetivos que sean medibles, aunque éstos no contribuyan a la mejora global.

 

Por ejemplo, si fijamos como objetivo del Servicio de Atención al Cliente el número de clientes atendidos por día, es un objetivo medible. Pero, ¿es el adecuado? Quizás los teleoperadores se dediquen a atender al cliente lo más rápido posible, para cumplir o incluso superar sus objetivos pero de esa manera, ¿estará bien atendido el cliente?

 

- Además de los citados, uno de los principales escollos que presenta esta metodología es la sensación por parte de los empleados de que son simples engranajes de una maquinaria, sin autonomía, está demasiado presente la psicología de recompensa-castigo.

 

Recuerdo haber leído el caso de una destacada cadena de hoteles de lujo en la cual sus empleados tienen como premisa proporcionar el mejor servicio al cliente, aunque esto suponga que en ocasiones tengan que realizar gastos extraordinarios para conseguirlo. Gastos para los cuales no tienen que pedir permiso, simplemente toman la iniciativa y sirven al cliente de la mejor manera posible.

 

Como es de imaginar, los empleados utilizan esta posibilidad de manera razonable en el 99% de las ocasiones, y el cliente se siente muy satisfecho por este excelente servicio, y dispuesto a pagar un precio superior por ello.


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Comentarios
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Santi Peña   |01-07-09
Buenos días. Felicitarte por el post, muy clarito, en ocasiones estar teorias de
los gurus se magnifican mucho, pero en la practica no es oro todo lo que reluce.
En mi caso, por lo que yo conozco, el ejemplo mas claro es el de las normas ISO,
todo esta muy documentado, muy codificado y todo el mundo sabe lo que tiene que
hacr pero yo creo que lo unico que ha hecho ha sido incremtntar la burocracia en
la oficina, parte para aqui, para allá, firma para todo, aprobaciones, no
conformidades... un rollazo, por no utilizar otra palabra...

Slds
Pablo Rodríguez   |01-07-09
Hola, Santi, conozco también de primera mano el problema que comentas en
relación a las normas ISO, mucha gente no le ve su utilidad porque están mal
planteadas, y se terminan convirtiendo en simple burocracia. Gracias por tu
aportación.
Maria  - ¿Dirección por objetivos? No todo son ventajas   |01-07-09
Magnífico post, Pablo, y, efectivamente, no son todo ventajas, además, existe
mucha burocracia en cuestión de papeleos, para cualquier cosa se necesitan
montones de papeles que nos exigen.

Un beso.

PD.- No se si te dije que ya
he reabierto el blog, para que, cuando quieras, te pases.

Otro beso.
Pablo Rodríguez   |01-07-09
Hola, María, es así, triste pero cierto, en vez de mejorar supone en muchos
casos un atraso.

Me alegro de que ya estés de nuevo "on line", allá
que me voy a visitarte.
Josep Julián   |01-07-09
Muy bien expuesto Pablo. Por mi experiencia profesional una cosa en la que se
acaba cayendo es en la valoración de objetivos que no son cuantitativos y que
eufemísticamente se les llama cuanti-cualitativos lo que los convierte en
interpretables (o en su formulación o en su medición).
Enhorabuena una vez más.
Pablo Rodríguez   |01-07-09
Hola Josep Julián, gracias por añadir tus experiencias!

Yo también lo he
vivido, al final se convierte en lo que no pretendía ser, en algo subjetivo.
¿Debería llamarse Dirección por Subjetivos? ;-)
José Luis del Campo  - Buenas tardes   |01-07-09
Yo he estado mucho tiempo en una empresa cuya dirección era fundamentalmente por
objetivos y en mi opinión, si el equipo encargado de dirgirla no es el
adecuadao, más que en una dirección se convierte en un desgobierno total.

Muy
buen post amigo.

Un saludo
Pablo Rodríguez   |01-07-09
Hola, José Luis, gracias por pasarte por aquí.
Tienes mucha razón, si el diseño
de la política es inadecuado, en vez de permitir el control, genera más
descontrol, porque la gente se ciñe a los objetivos definidos, y esto no tiene
por qué tener nada que ver con el funcionamiento "real" de la empresa.
Germán   |01-07-09
Hola, Pablo:
por supuesto, el problema estriba en la definición concreta de los
objetivos. La cuestión es si las acciones especificadas para alcanzarlos son
realmente las adecuadas. Como sabes, en un cuadro de mando no pueden
generalizarse ejes y acciones como si de una perogrullada se tratase, y
previamente ha de evaluarse la idoneidad de las propuestas tanto con los
directores de los departamentos como con los responsables delegados. Pero, como
muy bien apuntas, es indispensable el margen de aplicación depositado en el
criterio de los que saben: los empleados directamente implicados.
Sobre las
normas ISO, comentaba el otro día con una simpática consultora que los manuales
están, en la mayor parte de las ocasiones, destinados a las empresas
certificadoras. Lo importante es la evaluación de la no calidad en los procesos
actuales de las empresas (determinando así el valor del buen hacer) y la
posterior "negociación" de las medidas correctoras de carencias o
imperfecciones. El objetivo está claro. Las acciones establecidas para
alcanzarlo, como apuntas, son las que deben discutirse entre jefe y
trabajador... pero no siempre resulta.
Estupendo post, Pablo.
Un abrazo.
Pablo Rodríguez   |01-07-09
Gracias por tu comentario, muy completo, sin duda enriquece el
artículo!

Algunos directivos creen que si dejan "opinar" a sus
colaboradores, terminarán perdiendo el control sobre éstos, cuando ambos
podrían salir beneficiados, no hay que verlo como una lucha de poderes, pero en
algunos casos es así.

Lo de la norma ISO, real como la vida misma, conozco un
poco el tema de cuando trabajaba en consultoría, y es cierto que el 90% de las
empresas quieren "tener la ISO" por un aspecto comercial, sin
importarles la mejora continua ni nada de eso. Con lo cual, como dices, el
manual está destinado a la certificadora.

Un saludo, y gracias por pasarte
por aquí.
Pablo
An   |06-10-09
Está muy bien planteada la problemática de los objetivos, pero esta es una
herramienta, igual que cualquier otra, incluso como el dinero, en cómo se
utiliza, tiene más importancia que la herramienta en si.

Es imprescindible
marcar unos objetivos, pero estos han de estar bien planteados y ser lo
suficientemente genéricos o flexibles para que permitan la iniciativa, la
innovación y el riesgo. Y el cuadro de mando que se encarge de la generalidad y
no de lo individual, creo que así funcionariam mejor las empreas y prestarian
unos mejores servicios dado que los números siempre son frios. Esto tambien es
válido para las adminsitraciones públicas o cualquier otro servicio.
saludos /
he enlazado con tu blog desde Silencioactivo
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