| El terminador |
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| escrito por Pablo Rodríguez | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| jueves, 14 de enero de 2010 | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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Aunque pudiera parecer que voy a hablar de la saga de películas protagonizadas por el actual gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, me voy a referir a un tipo de personas que, como indica este adjetivo, termina las cosas.
Situaciones como ésta son muy comunes en las empresas: Juan le ha pedido un informe a Pedro, ya que le gustaría conocer la evolución de las ventas en el mercado catalán, en comparación con la media de España.
Tras las pertinentes explicaciones sobre lo que quiere, Pedro introduce los parámetros correspondientes en su aplicación informática, y saca los datos requeridos -ventas en los mercados español y catalán-, lo pasa a Excel y pone dos columnas una al lado de otra, con un total abajo.
Bien, ya está lo que me ha pedido –piensa Pedro- y envía a su jefe el archivo adjunto, sin más explicaciones.
Al recibirlo, Juan lo imprime y –primer problema- Pedro no ha configurado la impresión, así que Juan tiene que hacerlo él mismo. Cuando por fin lo tiene, se dispone a analizar los datos que Juan le ha proporcionado.
Le surgen una serie de dudas acerca de la fiabilidad de los datos –ya que Pedro no ha revisado si los mismos eran coherentes- y así se lo hace saber a éste. Tras comprobarlo, llegan a la conclusión de que alguien había introducido en el sistema 300.000 en lugar de 3.000,00, y lo modifican.
Posteriormente, a Juan le gustaría conocer la evolución de ambos mercados en relación con el año anterior, datos que Pedro no ha incluido. Cuando se los pide, éste piensa: Qué pesado es mi jefe, ganas de dar la lata.
Mientras Pedro tiene esta sensación, la de Juan es totalmente distinta: No sé para qué pido nada, si al final me da más trabajo que hacerlo yo mismo.
Este tipo de situaciones, bastante habituales en las empresas, son subsanables, pero para ello debe existir una buena comunicación, de manera que los mensajes sean interpretados correctamente –que haya un buen feedback o retroalimentación.
Además, debe haber una formación suficiente, ya que la elaboración de informes requiere habitualmente del uso de herramientas informáticas, por lo que el dominio del ERP de la empresa, la hoja de cálculo, etcétera, son imprescindibles.
Se debe realizar un depurado de los datos, examinando inconsistencias o incoherencias, de manera que la información que se presente sea fiable.
La persona que elabora el informe debe tener presente el porqué del mismo, para qué se quiere, y por lo tanto, qué información debe contener y cómo debe presentarse.
Además, deben cuidarse los detalles formales y –en mi opinión- huir del exceso de bordes, colores, sombreados, negritas, etcétera, ya que una utilización exagerada de dichos elementos distrae y dificulta la comprensión en lugar de contribuir a la misma.
Siguiendo estas premisas, Pedro se ha convertido en el terminador que tiene encantado a Juan: cualquier memorando que le encarga, éste se lo presenta adecuadamente, tiene la información que tiene que tener, depurada y estructurada de manera adecuada, y expone una serie de conclusiones, aportando por tanto un valor añadido sobre el que se podría sacar de manera automática de la aplicación informática.
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