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Humildad y precio

Comentaba el otro día Alberto Barbero el caso de una empresa que se planteaba la humildad como valor corporativo. ¿Tiene esto sentido?

Desde esta página he pregonado en diversas ocasiones que hay que ser humildes, pero ¿qué significa esto exactamente?

Acudo en primer lugar –dónde si no- al diccionario de la Real Academia Española. Humildad: Virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento.

Exactamente, es una virtud; y como ya dijo Sócrates: “Yo sólo sé que no sé nada”. A esto me refiero, es fundamental conocer nuestras limitaciones, y actuar en consecuencia.

O como hemos comentado en alguna otra ocasión, realizar un análisis DAFO (Debilidades, Amenazas, Fuerzas y Oportunidades) de nosotros mismos, nos permitirá mejorar aquello en lo que somos débiles y convertirlo en fortaleza, eludir las amenazas y aprovechar las oportunidades.

Pero para ello, lo primero es ser consciente de cuáles son nuestras fallas.

Otra definición que incluye la RAE es: sumisión, rendimiento.

Es en relación a este segundo enunciado por lo que muchos dirán: “nada de ser humildes, que si no te pisotean”.

Por supuesto, no se trata de esto. En cierta ocasión, entrevisté a una persona que se aplicaba con tanta intensidad en la primera definición (conocimiento de las propias limitaciones) que caía de lleno en la segunda, siendo por lo tanto, “demasiado humilde”.

Esto es interesante porque tenemos que empezar por valorarnos a nosotros mismos. Si el precio que nos ponemos es demasiado bajo, ¿cómo nos van a apreciar los demás?

Siguiendo con el caso anterior, si voy a contratar a alguien para un puesto de administrativo y me pide 2.000 euros al mes, es probable que no lo contrate. Pero si me pide 450 euros al mes, probablemente tampoco lo haga, porque de alguna manera, pensaré: “Si él mismo se estima tan poco, será que no vale mucho”.

En el mundo de los servicios profesionales, sucede también muy a menudo. Por ejemplo, si el consultor o asesor realiza habitualmente algún servicio de manera gratuita para el cliente -para tenerlo contento, ganarse su confianza, etcétera- y en un momento dado, decide empezar a cobrárselo, posiblemente tendrá que invertir un esfuerzo considerable en explicarle que aunque lo hacía gratis, tiene un coste.

Y es que a veces, a las cosas hay que darles un precio para que se les tenga aprecio.

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1 comentario en Humildad y precio

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