| La deshumanización de las empresas |
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| escrito por Pablo Rodríguez | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| miércoles, 27 de enero de 2010 | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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¿Has despedido alguna vez a alguien?
He comentado en algún post anterior diversas preguntas extrañas que pueden surgir en una entrevista de trabajo, y ésta que me hicieron en cierta ocasión podría estar, desde mi punto de vista, en el top ten.
Aún a día de hoy no tengo claro cuál era el objetivo de la misma, salvo –quizás- saber si era capaz de tomar decisiones de este tipo, que suelen ser difíciles y dolorosas.
Incluso pudiendo imaginar que ésta era la intención, no acabo de comprenderlo, porque ni siguieron profundizando en el tema, ni analizaron otras pautas de este tipo, ni –lo que es más importante- ése debiera ser un objetivo a cumplir en el puesto: te contratamos porque sabes despedir a la gente, y eres suficientemente fuerte psíquicamente para asumirlo (añadiré que la empresa no atravesaba ninguna crisis ni nada parecido que obligase a realizar recortes de personal).
En ocasiones puede parecer que los trabajadores debemos funcionar como máquinas sin sentimientos, e incluso puede llegar a parecer políticamente incorrecto que reconozcamos que nos afectan ciertas cosas.
A veces, la propia estructura jerárquica, el diseño de los procesos y la definición de los diversos procedimientos pueden contribuir a esta deshumanización de la empresa, que nos ayuda a no pensar, y a eliminar sentimientos e incluso razonamientos.
Leí hace poco un excelente ejemplo contado por Jaime Castelló, profesor de Dirección de Marketing de ESADE Business School y Director Asociado del Executive MBA de ESADE en Madrid. Se propone el siguiente experimento a un grupo de personas: “Estás en un puente sobre un cruce de vías, en una de ellas hay cinco personas trabajando, reparando los raíles, y en la otra sólo hay uno. A tus espaldas oyes que se acerca un tren a toda velocidad, y que se dirige hacia la vía donde están trabajando los cinco operarios, que no tienen ninguna posibilidad de darse cuenta de que el tren se aproxima. Tú tampoco puedes hacer nada por detener el tren o avisar a los operarios, con lo que en breve el tren llegará hasta donde están y los atropellará, matándolos a todos. La única opción que tienes es activar una palanca que hay en el puente, y que desviará el tren a la otra vía, en la que sólo hay una persona, que tampoco puede darse cuenta de que se acerca, y a la que tampoco puedes avisar, con lo cual el tren, si va por esa vía, acabará matando al operario. La decisión que tienes que tomar es ¿Activarías la palanca, y matarías a una persona, para salvar a cinco? Cuando se plantea esta cuestión, en todos los experimentos que se han hecho, nueve de cada diez personas contestan que sí, independientemente de la procedencia social, el sexo o la edad. La cosa se pone más interesante en la segunda situación. Estás en el mismo puente, con las mismas cinco personas trabajando en la vía (ahora ya no hay dos vías, solo una) y el mismo tren que se acerca furiosa e inexorablemente. En el puente ya no hay una palanca, sino que a tu lado, contemplando la escena contigo, hay otra persona, de un tamaño considerable. Tan grande es esta persona, que si la empujas por encima de la barandilla del puente y cae en la vía, al chocar el tren con su cuerpo éste detendría su avance y salvarías a las otras cinco personas que están trabajando en la vía. La aritmética es la misma, la muerte de cinco personas contra la muerte de una sola. Y al preguntar si empujarían a este individuo para salvar a los otros cinco, nueve de cada diez personas dicen que no, que no lo harían, y esta respuesta también es consistente en todos los grupos a los que se ha planteado el experimento (e incluso por Internet). Lo que es más curioso todavía es que, cuando se les pregunta a las personas que han dicho que sí en la primera situación y que no en la segunda, éstas no saben explicar cuál es la diferencia... simplemente les parece que está "mal". Parece que nuestro sentido moral depende de una palanca”.
¿Estamos deshumanizando las empresas? ¿Nos parapetamos en “palancas”, en cualquier instrumento o excusa para no pensar, para no sentir, para no actuar como es debido? Evidentemente, hay decisiones que tomar, y algunas serán duras y dolorosas, pero es necesario reflexionar profundamente sobre ello; en muchas ocasiones, paradójicamente, este tipo de medidas son las más sencillas de pensar y de adoptar.
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