Cuando pensamos en los jefes que hemos tenido, una de las cuestiones que tenemos en cuenta a la hora de evaluar si le consideramos o no un buen dirigente es lo que hemos aprendido de él.
Las personas que ocupan puestos de responsabilidad deben comportarse como auténticos líderes, también en la vertiente formativa. Para ello, deben ser capaces de transmitir sus conocimientos y experiencia a los miembros de su equipo.
Por distintas razones, muchos dirigentes no realizan esta labor. Algunos creen que no deben hacerlo (sus colaboradores no tienen por qué saber acerca de ese tema), otros no saben transferirlos, mientras que hay otros que creen que es una pérdida de tiempo.
En otros casos, ni siquiera se plantean esta necesidad, no se plantean hasta qué punto puede ser útil y positivo para el funcionamiento del grupo y de la empresa esta extensión del conocimiento.
Otra posibilidad también poco explorada en muchas empresas es utilizar la formación externa, comenzando por la identificación del gap formativo, es decir, detectar aquellas áreas en las que sería interesante que un empleado ampliase sus conocimientos, y proporcionando la formación a través de recursos externos (para lo cual se pueden aprovechar los créditos para la formación de la Fundación Tripartita, con bonificaciones en las cuotas de la Seguridad Social).
Algunos jefes creen que no es bueno que sus empleados aprendan en exceso, ya que así es más probable que se vayan. Por ello, ni buscan activamente formar a sus trabajadores ni facilitan ellos mismos esta formación.
Esto, evidentemente, es un error. Lo mejor es contar con una política formativa adecuada en la empresa, y los dirigentes deben participar en ella y contribuir en la medida de lo posible a proporcionarla a sus colaboradores.
Si el trabajador aprecia esto, y hay muchos que lo hacen, será un punto a favor para reforzar su unión con la empresa. Y en cualquier caso, si desea irse, lo terminará haciendo aunque no facilitemos su formación.
Por tanto, ¿no es preferible contar con el equipo lo más preparado posible?
Imaginemos, para terminar, que somos entrenadores de un equipo de fútbol de los denominados pequeños. ¿Qué preferiríamos, que nuestros jugadores mejoren día a día, destaquen y formen un buen equipo, aunque haya la posibilidad con ello de que se vayan a un grande, o tener un equipo mediocre que renquea toda la temporada y corre peligro de descender (en el caso de la empresa, desaparecer)?


