La marca propia para diferenciarse de los demás PDF Imprimir
escrito por Pablo Rodríguez   
jueves, 16 de abril de 2009

Una de las leyes fundamentales de la economía es la de la oferta y la demanda. En condiciones normales, estas fuerzas son las que determinan el precio de los productos que compramos… y el salario que podemos llegar a cobrar.

 

Un ejemplo de esto son los elevados sueldos ligados a la construcción que ha habido en los últimos años en España. La elevada demanda de profesionales de este sector ha provocado una importante alza de los sueldos, que ha atraído además a mucha gente a trabajar en él, pero como la demanda era tan alta, se ha mantenido un nivel salarial desproporcionado en muchos casos (por ejemplo, jefes de obra que cobraban por encima de 4.000 euros al mes, obreros que superaban los 2.000….).

 

La actual crisis lleva a estos trabajadores y a los de otros sectores a reconsiderar su trayectoria profesional. ¿Qué saben hacer? ¿En qué son buenos? ¿Dónde pueden encontrar trabajo?

 

Pongamos ahora como ejemplo a la carrera de Administración de Empresas, una de las que tradicionalmente se cita como que tiene más salidas profesionales, pero que también tiene un elevado número de estudiantes, y de licenciados cada año.

 

Por lo tanto, si yo estudio esa carrera, con esfuerzo obtengo el título, ¿y qué? Soy uno más entre cien mil que lo han obtenido como yo. Así que tengo una característica que puede ser necesaria para conseguir un empleo de cierto tipo, pero totalmente insuficiente.

 

En los productos se habla de producto básico, para aquellas características que debe cumplir el artículo como mínimo, y producto ampliado, que son aquellas características que lo hacen especial, que lo distinguen. Por ejemplo, en el mundo del automóvil, el ABS está pasando de ser una característica ampliada a ser básica, es decir, a ser un requisito imprescindible a la hora de comprar un vehículo.

 

También se podría ver a grandes rasgos esta diferencia si pensamos en los productos de marca blanca, que a menudo cumplen sobradamente las cualidades básicas (de hecho, en muchos casos son fabricados por fabricantes punteros), pero que a priori no son fáciles de diferenciar (¿qué detergente es mejor, el de Carrefour o el de Eroski?).

 

La marca propia implica diferenciarse de los demás, para ello hay que realizar una matriz DAFO sobre uno mismo, y ver en qué somos mejores o peores de los demás, que oportunidades debemos aprovechar, y contra qué debemos protegernos. De esta manera, y siguiendo con la analogía de los productos, si considero que hablar inglés es una característica básica (imprescindible), y yo no lo hablo bien (es una debilidad), deberé mejorar esta cualidad para tener posibilidades.

 

Una vez que ya cumpla en las características básicas, es en las cualidades “ampliadas” donde tengo que buscar la diferenciación. Normalmente, salvo casos específicos, debo buscar cualidades que sean demandadas por el mercado. 

 

Recuerdo un caso de una oferta de empleo que solicitaba una auxiliar administrativa que supiera hablar chino y coreano. Si había alguien que cumpliera estas características, no tendría mucha competencia, el puesto sería suyo, pero no parece muy recomendable especializarse en algo para lo que no haya demanda (por cierto, el salario que ofrecían era poco mayor que el mínimo interprofesional).

 

El conocimiento de uno mismo que puede proporcionar pensar en clave de marca personal puede incluso ser útil en otras entornos, como el familiar, en la relación con los amigos, etcétera.

 

Se ha pasado de la sociedad industrial, con sus estructuras jerarquizadas y su división del trabajo, a la actual sociedad del conocimiento, con sus estructuras en red y más horizontales, la versatilidad, el trabajo en equipo…

 

Por eso, cada vez menos, y sobre todo en puestos cualificados, no se busca tanto un currículum “perfecto”, como un candidato que sea resolutivo, que sepa trabajar en base a unos objetivos, de manera autónoma y responsable, pero colaborativa con los demás…

 

Recordar a estos efectos la definición que utilizaba en el artículo acerca de la inteligencia emocional, según la cual:

 

Capacidad de una persona = actitud x aptitud x conocimientos

 

Por lo tanto, a la hora de construir nuestra marca personal no sólo debemos incidir en los conocimientos propiamente dichos, sino también en las aptitudes y en la actitud; en muchas ocasiones, en las entrevistas de trabajo el seleccionador decide, en última instancia, por la actitud del candidato, es decir, por las ganas que le ve.

 

Para crear la marca propia podemos pensar en alguna marca comercial que conozcamos y que reconozcamos inmediatamente. Tendrá unas cualidades que la hacen distinta a otras, son características relevantes o importantes, y además, es coherente y consistente a lo largo del tiempo (si compro un yogur de la marca X, siempre sabe igual, tiene el mismo color, la misma textura…).

 

Al igual que en los productos, debemos saber qué demanda el mercado, qué necesidades tiene, y cómo podemos satisfacerlas. Pero siempre basado en nuestros valores, en nuestras características. Por ejemplo, si siempre se me han dado mal los idiomas, no debería querer ganarme la vida como traductor y ponerme a aprender chino.

 

La consistencia la podemos demostrar en la vida laboral cada día, y el currículum que presentemos debe mostrar esa coherencia, nuestra marca propia debe lucir en todos los aspectos (en mi experiencia, muchos currículos ya no pasan un primer filtro por tener una mala presentación; al igual que no compramos un producto si el envase no tiene muy buena apariencia).

 

Además, y dependiendo del tipo de puesto es importante resaltar ciertos valores o minimizar otros (esto es un aspecto importante, y muchas veces no se tiene en cuenta). Alguien puede ser individualista o preferir el trabajo en equipo, ser flexible o sistemático, tolerante o exigente, introvertido o extrovertido, creativo o cuadriculado…

 

No son cualidades malas en sí mismas, depende del tipo de trabajo que se quiera desempeñar (por ejemplo, una persona tímida puede ser un mal vendedor, pero ser un excelente analista financiero).

 

Una buena manera de pensar en cómo diferenciarse consiste en empezar por el final, es decir, visualizar cómo se quiere ser percibido (en consonancia con las cualidades que uno tiene), y yendo hacia atrás, analizar qué características necesitamos tener para llegar hasta ahí. 

 

A partir de este razonamiento, estudiamos cual es el gap, es decir, qué separa nuestro producto actual del deseado, y vamos cubriendo paso a paso esas diferencias.


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