Diversos dirigentes están haciendo declaraciones según las cuales perciben luz al final del túnel. Esperemos que no sea otro tren que viene de frente.
Ha habido estos días comentarios en este sentido del presidente del BCE, Jean Claude Trichet (que cree que la economía se acerca a su punto de inflexión, tras identificar en la economía algunos elementos expansivos), del presidente de la Reserva Federal estadounidense, Ben Bernanke (que cree que la recesión podría acabarse a finales de año si el sector bancario se estabiliza), del primer ministro británico, Gordon Brown (que considera que la situación empezará a aliviarse en los próximos meses) y del máximo responsable de uno de los denominados bancos zombie, Citigroup, que ha provocado una gran subida de la Bolsa al anunciar su mejor trimestre desde el año 2007.
No sé si se han puesto de acuerdo para realizar declaraciones positivas, sabiendo que parte de la crisis es de confianza, y en economía las expectativas tienen una gran importancia, o simplemente son una mezcla de previsiones y deseos, que terminarán en decepción como tantas otras realizadas en los últimos meses.
Y ése es el principal problema. Ya se han hecho tantas predicciones fallidas al final de la crisis que esta insistencia en ver el final de la crisis tan cerca me recuerda peligrosamente a la terquedad de Zapatero en el reconocimiento de la crisis en España.
Porque las expectativas son importantes en economía, pero no son suficientes, hace falta algo más. Y esta crisis (ojalá me equivoque) tiene más forma de L (y por lo tanto, de larga duración) que de V (caída rápida y recuperación rápida también) o de U (caída un poco más lenta que en el caso de la V, y recuperación un poco más lenta, duración media).


