La expresión se ha puesto de moda, y diversos cargos políticos y representantes económicos ven brotes verdes, color de la esperanza. ¿Hay verdaderas razones para ello?
A mí me está recordando cuando el presidente español, Rodríguez Zapatero, insistía en que la caída del PIB era una desaceleración, y que pronto nos recuperaríamos. En algún momento, se le escapó que una de las razones por las que insistía en su optimismo era porque las expectativas tienen mucha influencia en las pautas de consumo, y por lo tanto era mejor ser positivo.
La teoría de los brotes verdes se basa en que como la caída de ciertos indicadores está siendo más suave de lo que venía siendo, eso podría indicar que nos acercamos al punto de inflexión, al cambio de tendencia, en que se pasaría de la caída a la recuperación.
Además, el enorme estímulo fiscal llevado a cabo en muchos países (Gasto Público, reducciones de impuestos) y monetario (bajadas de tipos, inyección de dinero) podría empezar a dar sus frutos, y los partidarios de los brotes verdes esperan que sea pronto.
El presidente de la Reserva Federal estadounidense, Ben Bernanke, puso de moda la expresión, Obama percibe rayos de esperanza, y el presidente del BCE, Trichet, cree que nos acercamos al punto de inflexión. Recientemente la ministra de economía, Elena Salgado, también se ha apuntado a la moda vegetariana, y ha visto los brotes verdes en España.
Aunque hay algún indicador positivo, o que no resulta tan negativo como antes, el desempleo continúa aumentando a un ritmo desaforado, y no sólo en España, con lo cual creo que la economía va a seguir débil bastante tiempo.
Por eso, como decía antes, me da la impresión de que es un intento de insuflar confianza (en el caso de la Bolsa, ha funcionado), es posible que uno de los acuerdos “secretos” de la cumbre del G-20 de Londres fuera éste, el de las declaraciones positivas, el de los brotes verdes. Y aún nos reíamos de Zapatero, por ser demasiado optimista…


