Comenté en un artículo hace un par de meses la posibilidad de nacionalizar algún Banco en España. Otra opción era crear directamente un Banco público, para realizar las funciones de financiación que se están haciendo a través del ICO, pero para lo cual éste no está preparado (de hecho, las líneas ICO al final pasan por las entidades financieras).
Entre la Banca privada y la nacionalización, el presidente del BBVA apuntaba una tercera opción, la de la intervención, que vendría a ser, según él, como una nacionalización temporal. Durante cierto tiempo el Estado se haría cargo del Banco, le inyectaría capital, lo sanearía y lo reprivatizaría. Dicho así, hasta parece fácil.
El problema es que esta crisis que nos toca vivir está adquiriendo unas dimensiones que cada vez más la asemejan a la crisis de 1929. Sin querer pecar de agorero, el problema al que nos enfrentamos es de talla mundial. A cada momento se modifican las cifras, y organismos internacionales como el FMI y el Banco Mundial ya hablan de decrecimiento de la economía para el conjunto del planeta, algo que no sucedía desde la época de la Gran Depresión.
En otros países, el camino hacia la nacionalización de la Banca, por diversas vías, están avanzando a pasos agigantados. Este fin de semana se conocía que el Gobierno británico aumenta su participación en uno de los grandes, el Lloyds, hasta el 65%, y que a través de éste va a abrir el grifo del crédito por un importe de 31.000 millones de euros.
Otros países como EE.UU., Francia, y Alemania (por lo tanto, economías todas ellas de libre mercado) también han realizado grandes operaciones de apoyo público a las entidades.
En España se ha hablado mucho de la fortaleza de la Banca, y parece que no se pueden estudiar opciones de este tipo, aunque últimamente las declaraciones de las autoridades (por ejemplo, del Gobernador del Banco de España) se han suavizado un poco en este sentido, y parece que ya no se descarta completamente.
¿Hasta cuándo vamos a ser más papistas que el Papa?


