No hace mucho tiempo, cuando aún vivíamos en el País de Las Maravillas, poca gente intuía lo que se nos avecinaba, y al que se le ocurriera insinuarlo lo calificaban de pájaro de mal agüero.
Vivíamos nuestras vidas sin muchas inquietudes, salvo buscar un coche nuevo, dónde veranear, y si meternos o no a una segunda hipoteca.
En este país feliz que era España no había preocupaciones, salvo si acaso el terrorismo, y la gente gastaba alegremente su dinero, ¡no vamos a ser menos que el vecino!, o que el compañero de trabajo, o…
Los propios telediarios parecían en ocasiones un programa de entretenimiento más que un noticiario, pero claro, quién quiere preocupaciones, si todo va sobre ruedas.
Desde el comienzo de la crisis, la información ha ido tomando otro cariz. No sólo hay más noticias negativas (que las hay), sino que a veces todo el informativo es de color oscuro, tirando a negro.
Y bien, es cierto que la situación está mal, y aún irá a peor.
Esto en cuanto a la economía, pero obviamente ésta afecta a otras facetas de la vida. Si alguien se queda en situación de desempleo, puede perturbar sus relaciones con la familia, amigos, entrar en una depresión…
En cualquier caso, es mi intención en todos los artículos y comentarios que hago tratar de analizar un punto de vista diferente, de aportar algo más, así que haré un par de puntualizaciones.
La primera, aunque cualquier información o teoría económica que se presente, puede tener cierto sesgo, hay que evitar caer en un sensacionalismo innecesario.
De esta manera, el periodista o informante, en función del enfoque que quiera darle a su artículo o al titular, lo enfoca a su manera. Por ejemplo, se le pregunta a Zapatero si tiene alguna relación con la trama de espionaje del PP.
a) El presidente se lo toma a risa, y no responde directamente a la pregunta.
El titular: Zapatero no niega su implicación en la trama de espionaje al PP.
b) El presidente, airadamente, lo niega.
El titular: Zapatero trata de ocultar con su enfado su presunta implicación en la trama del espionaje al PP.
La segunda puntualización es en lo referente a las cifras que se ofrecen a veces al público.
Evidentemente, todos nos podemos equivocar, pero es importante que tanto los periodistas como los economistas, o cualquier otra persona que ofrezca sus opiniones, hagamos un mínimo contraste antes de llevar a la confusión al lector.
En este sentido, confluyen diversos factores, como son:
- El uso de los euros, quizás algunos no se han adaptado del todo, y ponen 3.000 millones de euros o 300.000 millones, y les da igual.
- Las traducciones que se realizan de páginas anglosajonas, y en especial, estadounidenses, donde un billón significa mil millones, y no un millón de millones, que por lo tanto provocan diferencias multiplicadas por mil (por ejemplo, hace poco leí que la media del patrimonio de las grandes fortunas del Forbes era de 3 billones de dólares por persona, cuando evidentemente eran 3.000 millones (¡que no es poco!).
- Vivimos en una sociedad acelerada, y el uso de Internet y la gran profusión de noticias provoca en ocasiones que esos filtros mínimos no se apliquen, produciendo más desinformación (por ejemplo, en la versión en Internet de un periódico de difusión nacional se aseguraba que el PIB de Japón había caído un 127% en el último año, en lugar de un 12,7%).
Por esto, es importante que, en la medida de lo posible, pongamos las cosas en su justa medida, sin que parezcan mejores de lo que son, pero tampoco peores.



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