En estos tiempos de crisis que vivimos parece más imprescindible que nunca la figura de un líder capaz de aglutinar los esfuerzos y conducirlos adecuadamente. Los trabajadores necesitan tener una guía, saber hacia dónde se dirige la empresa y cómo contribuye cada uno de ellos, y la existencia de un líder orientador y motivador puede suponer la diferencia entre la supervivencia y el cierre de la empresa.
A nivel macroeconómico está sucediendo también esto…
No contamos en España con un liderazgo fuerte, el Gobierno de Zapatero da bandazos e improvisa -tal y como él mismo ha reconocido- mientras que el PP está enredado con sus propios problemas judiciales, y tampoco representa hoy en día una alternativa seria (aunque es la única que hay), más allá de repetir que todo está mal una y otra vez, y esperar que el PSOE pierda el Gobierno por sus deméritos, más que ganarlo por méritos propios.
¿Se puede permitir España esta situación durante otros dos años y medio, hasta las próximas elecciones? Por supuesto que no, pero eso a nuestros políticos les da igual; unos aspiran a que la situación mejore antes de las elecciones (¿por arte de magia?) y con ello, poder revalidar su triunfo, mientras que los otros casi desean (increíblemente) que la situación siga mal, porque con ello sus probabilidades de triunfo serían mayores.
Ante este panorama, la confianza de los trabajadores y empresarios en el futuro es muy baja en nuestros país, lo cual además es una “pescadilla que se muerde la cola”, ya que los consumidores no gastan, las empresas no invierten ni contratan (y al contrario, despiden o no renuevan), y no se percibe hacia dónde se dirige España como país, cuál será nuestro nuevo modelo productivo (ni siquiera el educativo).
Una de las cualidades que ha permitido a Obama alcanzar la presidencia de Estados Unidos ha sido precisamente su capacidad para insuflar confianza. Algunos creerán que simplemente con eso no se consigue nada, pero la economía funciona mucho a base de expectativas, y simplemente por la creencia en ese futuro positivo, la mejora se produce.
Para ello hace falta también un plan claro y sólido (si no, la confianza tornaría en desconfianza), y en las manos de nuestros líderes políticos está el hacerlo. Pero lamentablemente, me da la impresión de que no van a ser capaces de llegar a un acuerdo y mostrar un frente común a la crisis (que podría inyectar esa confianza tan necesaria), y la economía irá tirando con más pena que gloria.


