| Información asimétrica, bajada de salarios y retención de talento |
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| escrito por Pablo Rodríguez | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| lunes, 21 de diciembre de 2009 | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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Uno de los debates más oídos en los últimos tiempos es sobre la conveniencia -o la posibilidad al menos- de que en España se produzca una bajada más o menos generalizada de los salarios para ajustar nuestra competitividad a la de nuestro entorno.
Comenzaré situando el debate en el ámbito de la ciencia económica. Una de las leyes fundamentales y más conocidas de la economía es la Ley de la Oferta y la Demanda. Según esta ley, en un mercado libre y competitivo (y para bienes normales), el precio se situará en un punto de equilibrio en el que oferta y demanda se igualan. De esta manera, si aumenta la demanda de ese bien, subirá el precio, y si baja, éste también lo hará.
El mercado de trabajo respondería a dicho funcionamiento. En épocas de bonanza hay más demanda de trabajadores y menos oferta, con lo cual suben los salarios, y en épocas de crisis, como está sucediendo ahora, al contrario.
Si el mercado de trabajo fuese perfecto, no habría desempleo, ya que los salarios variarían en función de esta oferta y la demanda, pero obviamente esto no es tan sencillo, ya que existen limitaciones legales (Salario Mínimo Interprofesional, Convenios Colectivos, etcétera), en España se cuenta con una cobertura de desempleo más o menos amplia, y en cualquier caso, hay unos mínimos vitales (por ponerlo con un ejemplo, es posible que el precio de las cebollas baje a cinco céntimos el kilo, pero no es factible que el sueldo medio en España baje a 600 euros al mes).
Uno de los más grandes economistas de la Historia, John Maynard Keynes (el cual desarrolló sus teorías durante la Gran Depresión de los años treinta) explicó cómo era posible que se produzca un equilibrio en el mercado de trabajo al mismo tiempo que existe una tasa de desempleo más o menos elevada, e independientemente de estas variaciones en el precio.
Keynes explicaba esta posibilidad por la debilidad de la demanda agregada, hoy tan de actualidad, y por lo tanto, fácil de entender. Como no se consume, no se vende, como no se vende no se fabrica, y como no se fabrica, no hacen falta empleados (y al igual ocurre para los servicios). De ahí que la solución keynesiana para la crisis pase por el aumento del Gasto Público, para aumentar el consumo y de esta manera la demanda agregada y el empleo.
En cualquier caso, como decía, esto ocasiona además una espiral negativa, porque al estar desempleado, o por el temor de estarlo, se consume menos, lo cual ocasiona finalmente que haya despidos o que los empresarios sean reacios a aumentar su plantilla, aunque los trabajadores estén dispuestos a cobrar menos, es decir, aunque les salgan más baratos.
No obstante, también es evidente que cierta rebaja en las pretensiones salariales puede hacer más atractivo para un empresario contratar a un trabajador, aunque el empleador deberá estar dispuesto a mejorar las condiciones del empleado cuando las cosas vayan bien, si le interesa retenerlo.
Una bajada demasiado grande en el salario ofrecido para un puesto determinado puede resultar contraproducente, no sólo a la hora de retener al talento en el futuro (ese empleado que ha aceptado el puesto por necesidad, en cuanto pueda, se irá), sino que puede también ser negativa en el presente, ya que ocasionará que para dicho puesto se presenten candidatos de una valía inferior.
Otro gran economista -Premio Nobel en 2001-, George Akerlof, estudió las consecuencias de la información asimétrica en los mercados. La información asimétrica se produce cuando una de las partes posee mucha más información que la otra acerca de la transacción, como sucede a menudo en el mercado de trabajo (en muchas ocasiones, el futuro empleado desconoce la situación real de la empresa, en qué va a consistir en la práctica su trabajo, etcétera).
Akerlof estudió el mercado de coches usados, describiéndolo de la siguiente manera: el vendedor conoce mejor que el comprador el estado del vehículo. Como éste no se fía, ofrecerá menos de lo que aparentemente vale el coche en cuestión.
Si realmente el automóvil estaba en buen estado, el vendedor se negará a venderlo al precio ofrecido por el cliente, con lo cual… desaparecerán del mercado los coches en buen estado, y sólo se venderán otros de peor calidad. Lo cual corroborará las impresiones de los compradores, que ofrecerán menos dinero aún, y así sucesivamente (llevado al extremo, se dejarían de vender coches usados).
Supongamos esta situación trasladada al mercado de trabajo. El empresario ofrece menos de lo que pagaría normalmente, aprovechando la situación. Pero eso conlleva que para el puesto que ofrece no se presenten personas muy cualificadas. A posteriori, el empresario pensará que hizo bien en no pagar mucho, puesto que la persona contratada tampoco era demasiado buena. Y ésta, probablemente, pensará en irse en cuanto pueda.
El propio George Akerlof acuñó el término de salarios de eficiencia para expresar la situación contraria, aquélla en la que el empresario está dispuesto a pagar un poco más de lo que marca el mercado para fomentar la productividad y la eficiencia económica (y, añadiría yo, para obtener y retener el talento).
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